El título de este artículo hace referencia a un libro de Luis Díez Jiménez. Recomiendo su lectura porque es una obra que atesora una envidiable capacidad para la sorna y para el humor auténtico y profundo. Lo curioso es que la situación de la agroganadería es como el libro: acabas con ganas de llorar si te detienes a pensar lo que acontece.
Una auténtica antología del disparate para los ganaderos y agricultores es la ampliación de la edad de jubilación. Los políticos no sólo no apuestan por un sector estratégico para la economía y la sociedad española, sino que con las nuevas medidas fiscales y la propuesta de retrasar la jubilación fomentan el abandono definitivo de la actividad agraria y ganadera. La intención de la Administración de retrasar la edad de jubilación hasta los 67 años es un contratiempo añadido y decepcionante para los agricultores y ganaderos cuya actividad requiere un importante esfuerzo físico.
Además, los pocos trabajadores que se incorporan lo hacen a una edad que podemos decir temprana, por lo que se supera generalmente a otros colectivos en años cotizados al llegar a la jubilación. Los profesionales del campo estaríamos condenados a dos años más de trabajo y retrasaríamos 24 meses el cobro de una pensión que, ya de por sí, es insuficiente e inferior a la de otros sectores y que nos colocaría en una situación penosa e injusta. De esta realidad debe tomar conciencia la Administración, que no tiene pegas para la jubilación de funcionarios de todos los ramos y empleados de banca con jubilaciones con 55 años. Eso sí, tampoco se le caen los anillos para dar la opción a rancios funcionarios (que son prescindibles moscas cojoneras a ultranza) para que se reenganchen hasta los 70 años con el consiguiente trastorno que ello conlleva en todos los sentidos. Seguro, amigo lector, que conoces casos de esto que estoy contando.
Otro verdadero disparate se circunscribe a la Sanidad. Me parece muy mal que niños y adultos con problemas bucales tengan que costearse el tratamiento o la intervención por su cuenta, con el problema económico que ello acarrea para las familias. Y más, cuando nuestros políticos venden las excelencias de un sistema sanitario que tiene la suficiente capacidad para, por ejemplo, hacerse cargo de los cambios de sexo.
El disparate llega al grado sumo con las absurdas medidas agroambientales como las de los "arbolitos". Y no os digo nada con los fondos de desarrollo que venían de Europa para mantener la viabilidad del medio rural y garantizar una renta medianamente digna. Las administraciones detraen esos fondos. Lo peor es que esto sucede con el apoyo incluso de algunas organizaciones agrarias. Las partidas presupuestarias van, en el mejor de los casos, para dárselas al alcalde de turno y así se construya una fuente o un parquecito a lo "Bienvenido Míster Marshall". En el medio rural no hay niños y los mayores van a tener poco tiempo porque van a trabajar hasta los 67 o, al paso que vamos, hasta que se mueran. El parquecito y la fuente no son para disfrute de nadie, excepto para algún ingenuo o para algún dominguero cursi que pueda creer que esto es hacer algo por el medio rural.
JESÚS HERNÁNDEZ LAORDEN, secretario general de ASAJA Soria.