Al cabo de tres años, la Comisión Europea publica la tan esperada evaluación de la Directiva sobre nitratos.
La conclusión es que esta normativa -de más de treinta años- todavía es efectiva para lograr los objetivos medioambientales, aunque se señalan sus carencias, principalmente, la deficiente aplicación de la misma en los Estados miembros.
El Copa y la Cogeca acogen con agrado la publicación de tal evaluación, sin embargo, consideran que no tiene debidamente en cuenta los profundos cambios que han ocurrido en el sector agropecuario europeo desde la aprobación de la Directiva en 1991.
Desde entonces, la Unión Europea ha crecido, sus condiciones climáticas han cambiado, el conocimiento científico y las prácticas agropecuarias han evolucionado y la tecnología ofrece hoy oportunidades para alcanzar los objetivos medioambientales mediante planteamientos más precisos y eficientes.
Si bien, en su origen, la Directiva aportó mejoras considerables en cuanto a la calidad del agua, en los últimos años la línea de progreso en muchos Estados miembros se ha estancado. Paralelamente, el cumplimiento de las normas se ha vuelto más complejo y costoso para los agricultores y ganaderos.

EXIGENCIAS Y CARENCIAS DE LA DIRECTIVA SOBRE FERTILIZANTES
Para cumplir con las exigencias de la Directiva -según Copa Cogeca-, a menudo se requiere una ingente inversión y una planificación a largo plazo, mientras que los productores agropecuarios operan en un entorno económico, climático y geopolítico cada vez más volátil.
Por otra parte, la evaluación no analiza adecuadamente las consecuencias económicas que sufren las explotaciones agroganaderas. Tampoco refleja la evolución de las estructuras agrarias, la diversidad de sistemas de producción, ni los efectos acumulados de los cambios políticos que han ido modelando el sector en las últimas tres décadas.
OCASIÓN PERDIDA
Con este telón de fondo, el Copa y la Cogeca lamenta que de la evaluación no emane ninguna propuesta significativa para modernizar o simplificar el marco legislativo.
Aparte de instar a los Estados miembros a mejorar la aplicación de la Directiva, la evaluación tiene pocas soluciones concretas que ofrecer para abordar la realidad de hoy en día, marcada entre otras cosas por la persistente crisis de los fertilizantes, la creciente magnitud del cambio climático y la necesidad de una gestión de los nutrientes más flexible.
Esta evaluación debería haber sido el comienzo de una verdadera reflexión acerca de la idoneidad de un marco legislativo con más de tres décadas de historia y sobre su verdadera adecuación para encarar los retos del sector agrario en el siglo XXI. En cambio, se prefiere revalidar el statu quo.
Resulta difícil de entender que la Unión Europea insista en la adecuación de la Directiva y, sin embargo, la calidad del agua en la UE aún es deficiente. Por otro lado, aunque se deben generalizar las alternativas circulares y los sistemas de gestión del estiércol, sin embargo, se soslayan aquellos aspectos de la Directiva ya obsoletos o defectuosos. También resulta decepcionante constatar que no se toman las medidas necesarias en pro de la modernización, pese a estar al alcance de la mano.
Por último, sorprende la flagrante incongruencia entre los objetivos estipulados en la ‘Visión para el futuro de la agricultura’, la ‘Estrategia sobre ganadería’, el ‘Plan de Acción sobre los fertilizantes’ y las conclusiones de esta evaluación.
Por consiguiente, el Copa y la Cogeca no pueden más que considerar esta evaluación como un primer paso. Es fundamental que el «diálogo de ejecución» y las futuras evaluaciones de la Directiva sobre nitratos traigan consigo una simplificación real, fomenten la innovación y doten a los agricultores de un marco legislativo moderno, con fundamento científico, practicable y apto para lograr los objetivos medioambientales a la par que se salvaguardan la competitividad y la resiliencia del sector agropecuario de la UE.


