Por Jesús Lerones, veterinario de ASAJA Palencia

Desde hace ya algunos años venimos oyendo eso del bienestar animal y con el tiempo seguiremos oyéndolo cada vez más y es que esta sociedad en la que vivimos ha tomado conciencia de la importancia de tratar bien a sus animales, que son seres vivos que sienten, sufren y padecen. Por ello demanda un trato digno y lejos de toda crueldad.

Es más, no solo por razones éticas, que ya de por sí serían suficientes, sino también por la calidad de los productos. Los animales que se desarrollan en un ambiente de bienestar producen  más y mejores alimentos. El estrés en los cerdos, por ejemplo, hace que sus carnes sean pálidas y exudativas  (carnes PSE). El consumidor se preocupa cada vez más por saber qué es lo que come y en qué condiciones han sido criados esos animales.

Por ello las administraciones se centraron en la trazabilidad de los alimentos, lo que se conoce como “de la granja a la mesa”, sobre todo a raíz de crisis alimentarias como la de las vacas locas. Y luego pusieron su foco en las condiciones en que viven los animales de las granjas, en el bienestar animal.

Para ello, en la Unión Europea, se establecieron unas condiciones mínimas de bienestar que debían cumplirse en las granjas, durante el transporte de animales y en el sacrificio de los mismos. De esta forma se garantizaba que durante toda la vida de los animales, éstos eran tratados conforme a lo legislado en materia de bienestar.

Y para legislar, tuvieron que consultar a los expertos, primero para definir que era bienestar y que condiciones debían tener las distintas especies animales, de modo que para cada especie animal la legislación dejase claro qué condiciones tenían que cumplirse.

Y claro está, los ganaderos desde el principio estuvieron de acuerdo en implicarse al 100%. Porque son sus animales, su medio de vida y les interesa que el consumidor confíe en sus productos. Y por qué no decirlo, también porque los ganaderos son sensibles y aman a sus animales más allá de que sean su medio de producción. Recuerdo un ganadero que conocía a todas sus vacas (y tenía más de cien) por sus nombres. “Esta es la Paloma, esta la Cuza, aquella…”

Los ganaderos invirtieron esfuerzo y dinero en adecuar sus instalaciones para mejorar las condiciones de vida de sus animales y adecuarse a la normativa, desde las condiciones de los terneros hasta las granjas de gallinas ponedoras.

Redujeron el consumo de antibióticos, evitando la creación de resistencias. Se ha puesto especial interés en el tratamiento de las deyecciones animales y su depuración, para reducir las emisiones de CO₂ y de metano.

En el caso de los purines hasta se ha modificado el modo de esparcimiento, con el coste que ha llevado adecuar la maquinaria, para reducir emisiones y para que los turistas que llegan en verano no se vean molestos por los olores.

Se han extremado las medidas de bioseguridad y el control de enfermedades, muchas de ellas zoonosis que afectan también al ser humano, lo cual redunda en una mejora de la salud pública.

Los vehículos de transporte cuentan con las dimensiones adecuadas y suelo y yacija adecuadas a las necesidades de las especies transportadas. En el caso de viajes largos tienen  bebederos en el camión y la obligación de parar y darles de comer. Cuentan con sensores de temperatura que informan al conductor de cabina como están los animales por si hay que poner la calefacción  o activar los ventiladores.

En los mataderos las cuadras donde esperan a ser sacrificados también tiene bebederos y aspersores por si hace demasiado calor. Son conducidos sin golpes y aturdidos antes del sacrificio para que no sientan dolor.

Y todo esto se cumple, así lo certifican las visitas de los veterinarios de la Administración y las auditorías de los inspectores de la Unión Europea.

No entraremos en polémicas de ciertos grupos que se denominan “animalistas” que muchas veces ponen de manifiesto su total desconocimiento de la realidad y de las verdaderas necesidades de los animales cayendo en el antropomorfismo.

Por eso desde Asaja nos sentimos orgullosos de nuestros ganaderos y queremos que la sociedad sepa que se toman el bienestar animal en serio, que cuidan de sus animales y que son los primeros en implicarse y comprometerse pese a las continuas adversidades e incertidumbres de este sector.

 

 

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