José Luis Marcos, presidente de ASAJA Palencia

Castilla y León volvió a demostrar que el campo no está dispuesto a rendirse. Casi 2.000 agricultores y ganaderos recorrieron el 20 de mayo Valladolid para defender algo tan elemental como su dignidad y su futuro.

No fue una protesta más: fue el reflejo de un sector que se siente al límite, atrapado entre costes desbocados de los insumos, precios hundidos y políticas que no responden a la realidad productiva.

SIN RENTABILIDAD

El diagnóstico es contundente. Según ASAJA, la cosecha de cereal generará este año más de 300 millones de euros en pérdidas, porque los costes de producción están disparados debido a los conflictos internacionales –sobre todo por los fertilizantes y los carburantes- y por la caída del precio del cereal debido a las importaciones masivas. El resultado es devastador: una explotación media de 200 hectáreas perderá alrededor de 30.000 euros este año.

Como advirtió Donaciano Dujo, esta campaña el campo trabaja “para arruinarse”. No es una frase retórica: es la realidad contable de miles de explotaciones.

Ni siquiera la PAC logra ya amortiguar el golpe. Las ayudas habilitadas por el Gobierno central son totalmente insuficientes y además, a tres meses del inicio de la guerra en Irán, aún se esperan las ayudas de la Junta de Castilla y León y de la Unión Europea. En Europa falta, sobre todo, una visión estratégica que deje de poner parches y afronte el problema de raíz.

GANADERÍA DESPROTEGIDA

A este panorama se añade otro golpe para el sector: la industria lechera ha bajado de manera unilateral siete céntimos por litro el precio que paga a los ganaderos, pese a que España es deficitaria en leche. Las industrias alegan sobreproducción en Europa, pero la consecuencia inmediata es que cada vez hay menos ganaderos palentinos y que, los que quedan, están en una situación crítica. Además, están obligados a soportar los ataques de lobos y buitres y el riesgo constante de enfermedades transmitidas por la fauna salvaje, desde la tuberculosis bovina hasta la peste porcina o la gripe aviar. Una presión añadida que hace aún más difícil sostener las explotaciones.

Y hay que citar aquí un agravio comparativo que los ganaderos palentinos no pasan por alto: el Gobierno de Cantabria ofrece más ayudas que el de Castilla y León para compensar los daños provocados por los ataques de fauna salvaje al ganado y, además, permite la regulación cinegética de estas especies cuando es necesario.

MOVILIZACIÓN

Como es difícil que la situación mejore, ASAJA anuncia nuevas movilizaciones en agosto, cuando termine la cosecha. No es una amenaza: es la constatación de que el sector ha llegado a un punto de inflexión. Si no se actúa ya, si no se garantiza un marco de rentabilidad estable, si no se protege la producción europea frente a la competencia desregulada de terceros países, el futuro del campo —y con él, el de nuestros pueblos— quedará seriamente comprometido.

El campo de Castilla y León no pide privilegios: exige poder vivir de su trabajo. Exige que Europa y España decidan si quieren seguir teniendo agricultores o prefieren depender de terceros países. El campo no piensa pararse en la lucha por el futuro del sector.