Argentina

El enorme potencial que tiene Argentina para producir alimentos ha estado aplacado en los últimos años por una política intervencionista de los gobiernos de Kirchner que desincentivaba la producción de cara a la exportación y obligaba a vender en el mercado interior por debajo de costes

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El enorme potencial que tiene Argentina para producir alimentos ha estado aplacado en los últimos años por una política intervencionista de los gobiernos de Kirchner que desincentivaba la producción de cara a la exportación y obligaba a vender en el mercado interior por debajo de costes. Con esto, los grandes propietarios de tierra han replegado sus negocios  dejando haciendas baldías o sacando producciones muy inferiores a las habituales, y consecuencia de ello los grandes puertos comerciales no han sido un constante trasiego de cereales y carne como históricamente había ocurrido. Es más, su agricultura ha menguado y ha perdido en calidad al tener que renunciar a los mercados exteriores y estar cautiva de un consumo interior caracterizado por el escaso poder de compra. Por todo esto, a  los grandes propietarios de tierras de Argentina se les ha abierto una luz tras el proceso electoral del pasado domingo con el triunfo de Mauricio Macri y su política liberal y de respeto a la propiedad privada. A poco que se legisle a favor de producir y vender en los mercados mundiales, Argentina retomará el puesto que le corresponde en las transacciones internacionales de productos agroalimentarios, en particular la soja, los cereales,  la carne de vacuno y las legumbres, estas últimas de menos importancia cuantitativa pero de gran impacto en la provincia de León por la competencia a nuestras producciones.  Los grandes analistas de mercados ya dan por descontado este efecto, y son conscientes que para exportar, primero hay que producir, y que si las cosechas son el resultado de al menos un año de trabajo en el campo, qué podemos decir de lo que cuesta y se tarda en llevar al matadero un buen becerro. Es cuestión de darles tiempo, pues si lo que producen es rentable, no faltará capital para impulsar las iniciativas, ni faltará tecnología, y por supuesto buena tierra es lo que le sobra, así que volveremos a ver a los barcos atracar en nuestros puertos para atiborrarnos de cereales, soja, legumbres y carne. Y nadie garantiza que sea de calidad.

Artículo de opinión de José Antonio Turrado publicado en La Nueva Crónica del viernes 27 de noviembre de 2015.