EL MANIFIESTO DE RIAÑO

Con la disculpa de algo tan loable como es fomentar el ecoturismo, algún grupo conservacionista ha embarcado a varios negocios del entorno de Riaño para firmar un manifiesto que, en el fondo, persigue medidas para incrementar la población de lobos en la comarca, dando a dicho animal prioridad con respecto a las personas que viven en nuestros pueblos

EL MANIFIESTO DE RIAÑO

Con la disculpa de algo tan loable como es fomentar el ecoturismo, algún grupo conservacionista ha embarcado a varios negocios del entorno de Riaño para firmar un manifiesto que, en el fondo, persigue medidas para incrementar la población de lobos en la comarca, dando a dicho animal prioridad con respecto a las personas que viven en nuestros pueblos. Le ha faltado oponerse expresamente a que el lobo siga siendo una especie cinegética y que se ejerza un control sobre la población para que su censo sea sostenible y compatible con el equilibrio de los ecosistemas y el desarrollo de la actividad ganadera. Afirmar que la Junta ha perjudicado con su política la existencia del lobo es un solemne barrabasada, pues lo que ha hecho es precisamente lo contrario, aplicar medidas que han fomentado los censos, algo suficientemente constatado, y lo que es peor, ha expandido la especie a territorios donde nunca antes se le había visto. Uno entiende que entidades ecologistas con sede radicada no se sabe dónde, tengan una idea distorsionada sobre la presencia del lobo en Picos de Europa, o tenga una idea interesada a sabiendas de que no se corresponde con la realidad, pero no se entiende que entren en este juego empresas locales, empresarios locales, que saben de las dificultades de compatibilizar la presencia de lobo con la práctica de la ganadería en régimen extensivo. No entiendo que una gasolinera, un restaurante, una quesería, o un alojamiento de turismo rural, por poner algún ejemplo, se hayan posicionado, sin ton ni son, en contra de los intereses de los ganaderos, olvidándose de que son esos ganaderos, y no los esporádicos domingueros o ecologistas de fin de semana, los que sustentan sus negocios y sustentan la vida en esas zonas tan difíciles. Si seguimos así, si seguimos defendiendo al lobo por encima del propio ganadero, si seguimos poniendo trabas para ejercer actividades económicas en las zonas con algún tipo de protección medioambiental, si nadie evita que las especies salvajes transmitan la tuberculosis a nuestras vacas,  y si en definitiva colocamos al paisano en la base de la pirámide, el futuro está claro: abandono y despoblación.

 

Artículo de opinión de José Antonio Turrado publicado en La Nueva Crónica del viernes 6 de febrero de 2015