NUESTROS COMPETIDORES TAMBIÉN APOYAN AL CAMPO

Ahora, cuando Europa decide sobre los apoyos a su agricultura y ganadería para los próximos seis años, es buen momento para mirar lo que ocurre en otros territorios con los que competimos, en otros países también miembros de la Organización Mundial del Comercio.

 NUESTROS COMPETIDORES TAMBIÉN APOYAN AL CAMPO
 
Ahora, cuando Europa decide sobre los apoyos a su agricultura y ganadería para los próximos seis años, es buen momento para mirar lo que ocurre en otros territorios con los que competimos, en otros países también miembros de la Organización Mundial del Comercio. Y es que en realidad, salvo los países con producciones de autoconsumo  y con exportaciones esporádicas poco significativas, en todo el mundo la agricultura y la ganadería requieren de políticas específicas de apoyo. El apoyo no necesariamente tiene que ser subvenciones, pues apoyar es también  promulgar leyes favorecedoras, intervenir en las políticas de mercados, reducir la fiscalidad, o intervenir para abaratar los costes de producción. Favorecer la agricultura es vulnerar tratados internacionales para la transformación de superficie forestal en agrícola, utilizar indiscriminadamente pesticidas ya descatalogados en otros territorios más desarrollados, incumplir las normas del bienestar animal, autorizar los cultivos transgénicos o contratar mano de obra sin protección social y con salarios de miseria.
 
Podemos poner un ejemplo que entenderemos bien los leoneses por tratarse de un cultivo muy nuestro, como es el lúpulo. La diputada argentina Silvina García Larraburu ha presentado recientemente un proyecto de Ley de fomento de la actividad lupulera. La iniciativa pretende, con apoyo público, incrementar la producción de lúpulo en la Patagonia, un cultivo que “viene perdiendo terreno” como consecuencia de ciertas “lógicas comerciales”. Para conseguir el objetivo deseado, la parlamentaria propone crear un Instituto Nacional del Lúpulo encargado del estudio, diseño y planificación de políticas específicas, mejorar las técnicas productivas mediante la investigación, promover fórmulas asociativas, fomentar las exportaciones, sostener la actividad cuando los precios internacionales disminuyan en demasía, y apoyar financieramente a los productores otorgándoles préstamos sin el cobro de intereses.
 
Se puede prescindir de la agricultura de un país, pero es una política tan arriesgada que nadie ha querido implantarla. La seguridad alimentaria consiste en disponer de alimentos suficientes, a precio razonable y de contrastada calidad, y esto no se garantiza cuando se depende únicamente de lo que se descarga de los barcos que atracan en un puerto franco.
 
Artículo de opinión de José Antonio Turrado publicado en La Crónica del viernes 22 de marzo de 2013.