Me veo en la obligación de hablar y escribir bien del maíz, pero lo hago sobre todo por convencimiento. Por razones que no comprendo, es un cultivo que no cae bien, se considera así como un cultivo invasivo, algo parecido a la repoblación de los montes con eucaliptos. Cada cierto tiempo le dedico espacio en esta columna de opinión y lo ensalzo como el cultivo más importante e imprescindible en la agricultura de regadío de la provincia de León. Con más motivo para acordarme de él en este momento en el que se ha conocido que batimos record de superficie de siembra, con aproximadamente setenta y dos mil hectáreas, distanciándonos más de la segunda provincia productora de España que es Huesca, y con unas expectativas de producción que pueden superar las novecientas mil toneladas de grano. El maíz es, y seguirá siendo por mucho tiempo, el protagonista indiscutible del sector agroganadero de la provincia de León, y a su lado hay una importante estructura económica en el sector de los servicios que ha sobrepasado con creces lo que en su día fue el sector remolachero azucarero. Pienso que habrá crecimientos de al menos mil hectáreas al año durante los próximos diez años, pero mientras eso llega, que no deja de ser un futurible, si este año la cosecha se comporta con normalidad, los productores de maíz de León facturarán por valor de más de 150 millones de euros, lo que vendrá a ser un veintidós por ciento del valor de todas las ventas del sector agrícola y ganadero provincial. Dentro de unas semanas, cuando media España esté todavía más seca de lo que ya está ahora, si alguien se toma la molestia de ver una imagen de satélite en tiempo real de la Península Ibérica, comprobará que la mancha verde homogénea de mayor tamaño está en la provincia de León, es la que marca el cultivo del maíz entre los ríos Órbigo y Esla, desde casi la altura de la capital, hasta la ciudad de Benavente, en la vecina Zamora. En una España de rastrojos y eriales muertos, refresca pensar en este gran campo de maíz con verde insultante.

*Artículo de opinión de José Antonio Turrado publicado en La Nueva Crónica del viernes 7 de junio de 2019.

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