Decimos en el campo que nosotros estamos trabajando con normalidad, que somos un sector estratégico que tiene que seguir produciendo cada día para que los alimentos lleguen a todas las casas. Así lo decimos, así lo hacemos, y así nos ha reconocido el Gobierno una excepcionalidad que no es extensiva a todos los sectores económicos. Pero la normalidad va a durar poco tiempo, pues no es posible que en medio de un país y de un mundo en el que casi se ha parado la vida, haya un sector económico que funcione como si nada hubiera pasado. En breve habrá desequilibrios en la relación oferta y demanda, es decir, tendremos productos que sobran y que no encuentran mercado, y por el contario otros van a escasear. Habrá productos que sobren, y no porque el consumidor no los demande, sino porque la industria agroalimentaria, la distribución, o simplemente el sistema logístico, no pueda desempeñar su papel. Se sucederán los problemas de la mano de obra, sobre todo en esas explotaciones y sectores productivos que necesitan de empleados para el desempeño del trabajo diario. Es seguro que después de esta crisis se revisará la Política Agraria Comunitaria, y se revisarán las normas y compromisos del mercado mundial. La crisis económica hará reconsiderar, al menos en cuanto a los plazos previstos de ejecución, inversiones en infraestructuras que el campo estaba esperando para modernizarlo y hacerlo más competitivo. Mientras de nuevo no repunte la economía, el sector primario será refugio de quienes, no encontrando otro empleo, opten por la agricultura y ganadería, algo que sería positivo si la realidad no nos dijese que no hay espacio para todos. Y por si fuera poco, escaseará lo que en el campo necesitamos para producir, que va desde los insumos más habituales, a los tractores y otra maquinaria que fabrican las multinacionales en unas fábricas que a día de hoy ya han cerrado, y que una vez que retomen la producción, acumularán retrasos en el envío de pedidos. Y nada puede ser normal si vas en la cabina del tractor pensando cada momento en la enfermedad y sus consecuencias.
*Artículo de opinión de José Antonio Turrado publicado en La Nueva Crónica del viernes 27 de marzo de 2020
Compartir