En un acto en el que dábamos la enhorabuena a Jesús Posada por su nombramiento como ministro de Agricultura en uno de los gobiernos de Aznar, dijo que muchas gracias, que se ponía a disposición del sector, pero que en lo personal, lo bueno de ser ministro es que después iba a ser ex ministro. Esto ocurre con todos los altos cargos de un gobierno, cargos por lo general con mucha dedicación y responsabilidad y no suficientemente remunerados, que cuando cesan encuentran acomodo en empresas e instituciones donde se le compensan sobradamente todos los desvelos anteriores. La minoría, los que no son funcionarios, tienen que llamar a la puerta de las empresas privadas, en ocasiones a esas que han beneficiando con sus acciones de gobierno. La mayoría de los altos cargos, que han llegado a ellos desde el puesto de funcionario de uno u otro nivel, para empezar consolidan el nivel más alto del escalafón que ya llevan de por vida a cualquier puesto que se incorporen, que no es poco, pero suele haber más. Los organismos internacionales a los que España paga una cuota generosa suelen ser los destinos más apetitosos, sobre todo para quienes no tienen pereza en hacer las maletas, como son apetitosos los destinos de agregados en las Embajadas. Sobre esta cuestión, determinada prensa nacional puso esta semana el ojo en el leonés Juan Prieto, un colega veterinario de una conocida familia socialista leonesa, cuyo último nombramiento fue el de Jefe de Gabinete del ministro de Agricultura , Luis Planas, desde el triunfo de la moción de censura a Mariano Rajoy. Juan Prieto es, o va a ser, nada más y nada menos que representante del Gobierno de España ante la FAO con sede en Roma, y agregado agronómico en la Embajada Española ante la República Italiana. Nada que objetar a quién a buen seguro da el perfil técnico y acumula méritos en el partido político que sustenta más firmemente al Gobierno. Nada que objetar, solo que de nuevo he recordado las palabras de Posada, que son igual de válidas cuando se trata de los jefes de gabinete.
*Artículo de opinión de José Antonio Turrado publicado en La Nueva Crónica del viernes 17 de enero de 20120.
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