Ya sé que no es época de hablar de incendios forestales, pues las noticias lo son cuando se producen, y ahora llueve. Pero opino de incendios forestales porque en la Cumbre del Clima también se ha dicho que hay una relación directa entre cambio climático e incendios forestales, que se producen más y con efectos más devastadores. Pues bien, si nos limitamos a nuestro país, a nuestra comunidad autónoma, o si se quiere a nuestra provincia, no creo que el incremento de los incendios o la virulencia de los mismos tenga mucho que ver con lo que haya cambiado el clima, y por el contrario tiene mucho que ver con las miles y miles de hectáreas que antes eran de cultivo y ahora se han transformado en matorral mal cuidado que prenden y esparcen el fuego como si fuera una mecha, se debe al abandono de nuestros bosques desde que se dejó el aprovechamiento de la leña y la madera, se debe al abandono del pastoreo en muchas zonas boscosas o de transición al bosque, se debe, en definitiva, a que hay una parte del territorio que no aporta valor económico porque la actividad tradicional se ha abandonado o porque ya no quedan personas en edad de trabajar. Los incendios forestales, en nuestro caso, se producen porque le hemos perdido aprecio a lo nuestro, o quizás porque entendemos que el monte ya no es nuestro, es de organismos públicos que se arrogan el derecho a intervenir en el territorio ignorando los intereses de quienes todavía vienen en el medio, en nuestros pueblos. Los incendios forestales son un mal en relación directa con el envejecimiento y la despoblación rural, con la práctica intervencionista de las administraciones, con el desinterés por la defensa de lo colectivo que aqueja a nuestra sociedad moderna. Ya sé que las autoridades no volverán a facilitar los usos del monte por los vecinos, que estos no necesitarán que cada año se le asigne un lote de leña y madera, que no volverán a repoblarse los pueblos y que la ganadería no volverá a tener el carácter familiar de antaño. Por todo eso no veo la solución, pero al menos diagnostiquemos bien.
*Artículo de opinión de José Antonio Turrado publicado en La Nueva Crónica del viernes 13 de diciembre de 2019
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