Misericordia Bello es conocida en el mundo del vino por presidir desde hace cinco años el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Bierzo, y como fue elegida democráticamente, poco podemos objetar al nombramiento, pero como todo cargo público está sujeta a la crítica, cosa que no aguanta y que cuando le llega le hace perder los papeles. Ha ocurrido esta semana en un rifirrafe con la organización agraria ASAJA, en el que se ha defendido de las críticas profesionales sobre su gestión con declaraciones contradictorias en menos de veinticuatro horas de diferencia, y lo que es peor, con palabras subidas de tono y ofensivas impropias de quién representa a una institución. Es evidente que Misericordia Bello tiene al sector dividido por más que se aferre a unos apoyos dentro del consejo que veremos cuánto duran, y que en todo caso esos apoyos se tendrán que demostrar en un proceso electoral que no puede retrasarse mucho más y al que posiblemente no aspire a presentarse, sino a que la elijan a dedo los vocales electos una vez constituido el órgano de gestión de la denominación de origen, algo que legalmente es posible. Quizás hasta la elijan sin exigirle cuentas de su nefasta gestión donde tan siquiera ha cumplido el compromiso de auditar la gestión anterior y hacerla pública para general conocimiento. Quizás la elijan a pesar de que ya no cumple con los requisitos de representatividad de la parte industrial que sí cumplía cuando se presentó por vez primera. Quizás la elijan a pesar de que no es imparcial en sus decisiones y favorece constantemente los intereses de los bodegueros en contraposición a los de los productores. Quizás la elijan a pesar de que su vocación no es el sector vitivinícola, al que ha utilizado como un trampolín de notoriedad para aspirar a cargos de relumbrón político, aunque vistos los resultados parece que no le ha funcionado el ofrecimiento por los despachos de las personas de influencia en el Partido Popular. Si el futuro pasa por la misma persona, con las mimas propuestas y parecidos resultados, mal pintan las cosas.
*Artículo de opinión de José Antonio publicado en la Nueva Crónica el 30 de agosto de 2019
Compartir