El pasado lunes un grupo árabe ha suscrito con el presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, un protocolo de acuerdo para la instalación de una planta azucarera que, con sede fabril en Mérida, operaría en esa comunidad autónoma. Hablan de un proyecto muy moderno, sustentado en una fuerte inversión de más de cuatrocientos millones de euros, capaz de molturar diariamente tres veces más de remolacha que las fábricas actuales, con una plantilla reducida de no más de doscientos empleados. El proyecto va a una comunidad autónoma en la que desde hace más de dos décadas no se cultiva remolacha, y donde su clima le permite cierta diversidad de cultivos que no es posible en otros territorios como Castilla y León. Hay que decir que el mundo agrario, en el de fuera de Extremadura, este proyecto ha sonado a una aventura irrealizable, pues no parece que se den las circunstancias para que a priori sea un éxito, por más que cuente con apoyos públicos y por más que los que lo impulsan sean esos árabes podridos a petrodólares. Deseándoles todos los éxitos, traigo esto a cuento por la circunstancia de que un día después, el pasado martes, la empresa privada que opera en el mercado de la remolacha y el azúcar en España, AB Azucarera, de capital británico y dueña de entre otras la fábrica de La Bañeza, anunció de forma oficial una rebaja en el precio de la remolacha para cuadrar una cuenta de resultados que acumula pérdidas de decenas de millones de euros. Es difícil entender que no le salgan las cuentas a una empresa con solera en el sector, presuntamente bien gestionada, como es la British Sugar, y que no le salgan las cuentas a los productores de remolacha de Castilla y León, posiblemente los más profesionales del mundo, y que por el contrario le salgan a un grupo inversor de los Emiratos Árabes Unidos. Pero también es verdad que al lado de un bar en el que el dueño se muere de aburrimiento porque nadie entra a pedir un café, puede surgir un nuevo negocio de restauración donde no pare el bullicio durante todo el día.
* Artículo de opinión de José Antonio Turrado publicado en La Nueva Crónica del viernes 7 de diciembre de 2018.
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