Informaba el pasado domingo este periódico de una campaña de la Diócesis de León que tiene como finalidad recaudar fondos de las parroquias más pudientes, entiendo que la mayoría en la capital o cabeceras de comarca, para ayudar al sostenimiento de otras de pequeñas localidades que tienen pocos posibles. Buena me parece la medida, y bien me parece que se ponga el foco en unas parroquias que necesitan seguir prestando los servicios básicos, o al menos los más imprescindibles, y que necesitan fondos para afrontar sus gastos corrientes y las inversiones a veces urgentes para conservar unos bienes patrimoniales que son también riqueza artística y cultural. La Diputación de León, los ayuntamientos, las juntas vecinales, y la solidaridad de los vecinos de los pueblos, han costeado multitud de obras en el patrimonio religioso de nuestra provincia, por lo que podemos decir que está más cuidado que nunca, y se han rescatado obras de arte abandonadas o desconocidas. Tenemos iglesias más bonitas, mejor cuidadas, pero algunas ya no se abren casi nunca, salvo para oficiar un funeral, que ahora es el acto religioso que más abunda en los pueblos. Cuando se cierra la iglesia, cuando se jubila con setenta y cinco años el cura y el obispado no puede sustituirlo porque no hay vocaciones, comienza el declive, comienza la cuenta atrás del abandono rural como cuando cierra la escuela, desatienden el consultorio médico, deja de parar el tren, o desaparece la cantina. Algo debería de estar pensando la Iglesia Católica, al menos al nivel de Conferencia Episcopal, para atender las necesidades religiosas de la “España vaciada” de pueblos y parroquias casi diminutas como las que hay en la provincia de León. Y tanto las diócesis, en nuestro caso la de León y la de Astorga, como las instituciones, deberían de idear un plan para el sostenimiento y la puesta en valor de un patrimonio que trasciende a la religión, y que es de todos, también de los no creyentes. Y si el señor Obispo me lo permite, le diré que no nos quite de los pueblos pequeños a los mejores curas, que a veces le tienta.
*Artículo de opinión de José Antonio Turrado publicado en La Nueva Crónica del viernes 16 de agosto de 2019
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