De todos es conocida la relación entre los topillos y la bacteria de la tularemia, estas dañinas bacterias se mantienen vivas en las poblaciones de topillos y la prevalencia en los topillos aumenta cuando aumentan las poblaciones de topillos. Es decir, cuanta mayor densidad de topillos hay mayor proporción de topillos portan la bacteria de la tularemia. Pero es que también, en un 1,6% de los casos eran portadores de hantavirus.
Esta premisa salió del estudio que hizo el grupo de Juan José Luque-Larena, investigador de la Universidad de Valladolid (Campus de Palencia), que focaliza muchos de sus esfuerzos en el conocimiento de los topillos, y que culminó con la publicación de los resultados en la revista de impacto Emerging Infectious Diseases (artículo) en el año 2017.

El mero hecho de que el 33% de los topillos porte la bacteria de la tularemia cuando hay una densidad muy alta de topillos, como así se detectó en el estudio, hace que el contacto con estos animales sea algo a evitar por toda la población pero el caso es que los que más están en el campo lógicamente son los agricultores y los ganaderos. Esto, que ya es conocido por el sector no evita que cada vez que hay una expansión de la población de topillos se produzcan numerosos casos de tularemia, principalmente en nuestra provincia porque aproximadamente el 60% de los infectados por tularemia en los años en que hay altas poblaciones de topillos son de Palencia (respecto al total de Castilla y León) y superamos ampliamente los 600 casos en esos años concretos.
INVESTIGACIÓN
Actualmente está en todos los medios de comunicación la palabra hantavirus pero el grupo de Juan José Luque-Larena ya estudió la presencia de estos y otros virus en los topillos -realmente se también realizaron búsquedas también en otros tres pequeños mamíferos que habitan en nuestros campos de cultivo: ratón de cola larga, ratón mediterráneo occidental y musaraña de dientes blancos-.
Estos investigadores capturaron 526 animales, la mayoría de ellos topillos y detectaron hantavirus sólo en éstos. Concretamente, la prevalencia obtenida fue del 1,6% con 7 individuos infectados de 438 estudiados. También buscaron virus de la coriomeningitis linfocítica (LCMV), que fueron encontrados en el 2,2% de los casos (10 de 458 estudiados) y ortopoxvirus -de la familia de la viruela-, que fue encontrado en el 1,3% de los topillos (5 de 382). Estos datos se publicaron también en la revista de impacto Emerging Infectious Diseases (artículo).
Como indica el artículo, «los topillos comunes pueden alcanzar densidades de hasta 1000 por hectárea durante los picos poblacionales, por lo que la proporción de infectados puede convertirse en una preocupación considerable para la salud pública». También indica el artículo que «el riesgo de infección por ortopoxvirus es una preocupación creciente en Europa debido a la ausencia de vacunación contra la viruela en la población humana menor de 45 años».
Hasta ahora, las medidas que se han tomado para frenar las plagas de topillos son inservibles, algo que se demuestra con los picos de población de topillos que continúa habiendo de forma recurrente.
Las Administraciones se contentan con gastar dinero en ello pero les dan igual los resultados, que no llegan tras veinte años. Mientras tanto, los miembros de nuestro sector y otros miembros de la población, principalmente rural, se van infectando de tularemia uno tras otro sin que a nadie le importe, como si no fuera una enfermedad grave, que lo es, no en vano es una de las sesenta enfermedades de declaración obligatoria. Eso sí, la quema de rastrojos, arroyos y cunetas no se estudia, no sea que vaya a ser la solución.


