La agricultura, como todo dentro de una sociedad basada en la ley, necesita normas, reglas que
deben entender la realidad del campo y que se adapten a los vertiginosos cambios que en
cuestión de jornadas cambian el mundo. Un ejemplo, hace tan solo un par de años al sector nos
llegaba la preocupación de la sociedad sobre la contaminación por nitratos, un traca-matraca que
llegó en forma de normas en forma de protección de zonas vulnerables y con carácter general con
el compromiso político de reducir un 20% el consumo de fertilizantes en toda la Unión Europea,
parte de la famosa Agenda 2030. Esto que hoy tenemos normativamente encima, no tiene ya
ningún sentido en nuestra opinión cuando la realidad es que nuestra agricultura no es capaz de
adquirir fertilizantes a estos precios. Sin embargo, la norma, obsoleta, ya la tenemos encima, de
hecho, desde el 1 de enero ya está la obligación de registrar en el Cuaderno de Explotación cada vez
que saquemos la abonadora o la cuba de purín, fecha impuesta a raíz del acuerdo que firmaron
otras Opas con el MAPA, en las revueltas de 2024 y que no firmó ASAJA.
Entre esa norma está la prohibición de fertilizar por ejemplo los cereales principalmente en
septiembre, algo que no tienen ningún sentido, por eso la Junta de Castilla y León y el MAPA deben
recuperar el mes de septiembre como época permitida para poder fertilizar, y esta es una de las
conclusiones de las Jornadas sobre fertilización SOStenible que organizamos en junio. Un SOS en
torno a la fertilización, y a toda la agricultura, sobre todo la del cereal.
En Soria, septiembre también cuenta, y mucho… Y esto no se puede dejar pasar.
Continuado con la situación del cereal… Me refiero ahora a la concentración del 27 de agosto
frente a la sede de Presidencia de la Junta, para reclamar medidas urgentes que permitan afrontar
la grave falta de rentabilidad que atraviesa el sector cerealista.
La movilización, en unidad de acción, llegó totalmente originada por una principal
reivindicación: que la Junta de Castilla y León concrete y ponga en marcha ayudas económicas para
los agricultores similares a las planteadas por el Ministerio de Agricultura para compensar el fuerte
incremento de los costes de producción.
La situación del cereal preocupa especialmente al sector. Fertilizantes, carburantes, semillas o
maquinaria mantienen una fuerte presión sobre unas explotaciones que, en muchos casos, están
produciendo a pérdidas. Hemos pretendido este verano lanzar así un mensaje claro: está en
verdadero riesgo la continuidad de sus explotaciones. El sector reclama una respuesta inmediata y
acorde con el peso económico, social y territorial que tiene el cereal en Castilla y León.
Todo esto viene al hilo de la advertencia que hicimos ante los medios de comunicación al dar los
datos de cosecha, sobre la difícil situación que deja la recogida de cereal de 2026 en la provincia,
una campaña que confirmaba los peores temores del sector y volvía a poner en primer plano el
grave problema de rentabilidad que arrastran las explotaciones. Pero el problema no termina en la
cantidad recogida. Para ASAJA Soria, la verdadera preocupación está en las cuentas finales de las
explotaciones. Los mediocres rendimientos coinciden con unos precios del cereal que continúan en
niveles muy bajos y con unos costes de producción elevados, que son insumos imprescindibles.
Para colmo, entre todos no han robado el gusto de recoger la cosecha. Ahora esta labor se hace con
total tensión y congoja, con miedo incluso, sin alegrías. Aun reconociendo que mientras los agricultores de Aragón, Castilla La Mancha,
Cataluña o Navarra tenían prohibido cosechar, nosotros no paramos (salvo al final), pero es preciso insistir en que el camino es ese: que nos dejen cosechar; que también estamos para otras cosas. Por cierto, gracias a todos los que respondisteis tan rápidamente a nuestra llamada por el incendio de Guadalajara.