Ya son 64 años… La Feria de Almazán se ponía en marcha el mismo año que fue conocido mundialmente por ser el de la Crisis de los Misiles en Cuba, un evento que puso al mundo al borde de una guerra nuclear entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Por desgracia, hay cosas que parece que no han cambiado.
Llevar tantos años en marcha significa que muchos aspectos se han hecho bien y que por eso se han ganado el prestigio, un gran seguimiento, respaldo de empresas, eco en los medios de comunicación, relevancia para la comarca, etcétera. Por todo ello, animo un año más a todo el mundo a que acuda los días 15, 16 y 17 de mayo a una feria que supone una oportunidad de negocio y de desarrollo económico que no estamos para desaprovechar.
Muchos dicen que las ferias de muestras están en decadencia por la digitalización de todos los procesos comerciales y visuales. En ese sentido, es palpable que para los organizadores cada vez es más complicado cubrir las casetas o pabellones habilitados a tal efecto. Pero también es cierto que el trato humano es muy importante para cualquier acción comercial.
Y ahí entra en juego la Feria de Almazán, que sigue siendo un referente y un punto de encuentro fundamental para el mundo agroganadero dentro de la provincia, porque es algo que trasciende lo económico para señalarse como un acto de encuentro y de reivindicación del sector. Desde el punto de vista del sector primario, la Feria de Muestras debe seguir adelante porque sirve para un aspecto que a la larga es esencial, y es el facilitar que los profesionales se encuentren de nuevo, que compartan inquietudes y experiencias. Es un elemento vertebrador que ofrece visibilidad al sector agrícola.
A la vez no hay que olvidar que Almazán siempre ha sido encrucijada de caminos, punto de encuentro privilegiado en esta zona, en la cual se celebraban antes de la de maquinaria ya grandes ferias de ganado de animales de trabajo y de carne. La feria es una forma de presentar lo mejor de nosotros mismos en este escaparate comercial y claramente turístico. Debemos ser conscientes también de que muchos de los productos expuestos son únicos, lo que es otro acicate más para que las administraciones competentes estén del lado de esta feria, porque eso redundará en nuestra economía y debemos darle el valor que se merece. Dicho esto, quiero dejar claro que reclamar apoyo institucional no tiene que quedarse como un reproche recurrente o una dura crítica, sino que es una oportunidad para reflexionar y para actuar en el futuro. Es responsabilidad de todos, pero especialmente de los dirigentes políticos, apoyar estas iniciativas para que todo revierta en beneficio de la segunda localidad por población en la provincia, de toda su comarca y de la sociedad en general.
En lo que se refiere estrictamente a la caseta de ASAJA, tengo que decir que es una ‘institución’ dentro de la Feria y no solamente por estar presente desde el principio. Es incontable el número de personalidades de toda índole que han demostrado su pericia, en muchos casos, o inexperiencia, en otros pocos, a la hora de echar un trago del porrón, que es una de las fotos más divertidas y entrañables de cada año. Pero no solamente se ha destacado por lo amable y lúdico. El stand de ASAJA siempre, siempre, siempre ha servido como eje de la reivindicación para el campo; en general, todas las reivindicaciones que nos afectan. Por no alargarme, cito solamente algunas de las campañas: reformas PAC, daños de fauna a cultivos, precios justos para nuestras explotaciones, fuera la burocracia, carestía de los insumos, apoyo al vacuno de carne…
Muy al hilo de lo anterior, no hace falta que os recuerde que cada 15 de mayo, el campo español se detiene para honrar a su patrón, San Isidro Labrador. Para organizaciones como la Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores (ASAJA), esta fecha trasciende la fe y la tradición; es un punto de inflexión donde la esperanza por la cosecha se encuentra con la cruda realidad de un sector que se siente, en demasiadas ocasiones, el gran olvidado.
San Isidro representa la resiliencia de quienes, como él, trabajan la tierra con humildad y tesón. Sin embargo, en el contexto actual, la «ayuda del cielo» no es suficiente. ASAJA aprovecha esta festividad para recordar que los agricultores y ganaderos no solo necesitan lluvia y buenas temperaturas, sino también políticas realistas y respeto institucional.
La festividad es un recordatorio de que el campo es el auténtico ecologista, el que cuida el paisaje y garantiza la soberanía alimentaria. Pero celebrar a San Isidro con los precios de producción por las nubes y una burocracia asfixiante convierte la fiesta en una desazón, sin perder la esperanza de una buena campaña cerealista. En definitiva, este San Isidro no es solamente para pedir por las cosechas, sino para exigir que el trabajo de quienes nos alimentan sea valorado como el pilar fundamental que es. Porque, sin el labrador que cada 15 de mayo celebramos, el mañana de nuestra sociedad sería mucho más incierto.


