En los últimos tiempos son innumerables los obstáculos que agricultores y ganaderos nos encontramos para desarrollar nuestra actividad económica, la producción de alimentos. Una de las causas es la concepción de la política de medio ambiente llevada a cabo estos años, cuyas consecuencias comenzamos a padecer.

El caso más extremo y la mayor sin razón es el lobo. Una especie que está expulsando al ganadero y la ganadería extensiva de las zonas donde tradicionalmente se ha explotado, y todo ello debido a un erróneo y mal diseño de los sucesivos planes de conservación y gestión de este cánido llevados años atrás por las diferentes Administraciones Públicas. Se los ha ido de las manos. Ahora no es el lobo el que se encuentra en peligro de extinción, sino los ganaderos que, impotentes ante una sociedad que no les escucha y una Administración que mira hacia otro lado, son expulsados de su territorio y la ganadería extensiva, actividad económica sostenible que han venido desempeñando durante siglos, pende de la cuerda floja.

Otra complicación, que en ciertas zonas de nuestra provincia los ganaderos padecemos también ocasionado por la fauna silvestre, es la transmisión de enfermedades a nuestra cabaña ganadera. La desequilibrada población existente actualmente de jabalíes, cabras, corzos o ciervos en las zonas de montaña conlleva una mayor interacción con nuestros animales domésticos, que comparten pastos y zonas de abrevadero, y que aprovechan los agentes patógenos de las enfermedades infecciosas y parasitarias para subsistir y combatir el avance de los programas oficiales de lucha y erradicación de enfermedades animales, muchas de ellas transmisibles al hombre como la tuberculosis, convirtiéndose de este modo la fauna salvaje en un problema de salud pública. La fauna ocasiona pérdidas directas al sector ganadero (sacrificio de animales, devaluación del precio de los terneros, problemas de movimiento, etc), a las administraciones públicas a causa de los costosos programas oficiales que año a año se deben poner en marcha, y la fauna también se convierte en una amenaza real hacia el hombre por la transmisión de enfermedades.

Y a esta alocada y mal enfocada política ambiental tampoco escapamos los agricultores. La prohibición de las quemas controladas de rastrojos, que también sufre el sector ganadero en los montes, conlleva una mayor afectación de nuestros cultivos por nuevas plagas. Nuevas plagas y malas hierbas que ocasionan grandes desembolsos por  nuestra parte para combatirlas, aparejado de una mayor necesidad del uso de productos fitosanitarios en nuestras explotaciones del que se encuentran encantados grandes multinacionales, pero que ningún beneficio tienen para el medio ambiente. Una medida, la prohibición de las quemas controladas, que se vuelve en contra del propio medio ambiente.

Los daños ocasionados a nuestros cultivos por conejos y jabalíes, las trabas a la hora de obtener permisos y licencias medioambientales para poner en marcha proyectos ganaderos en nuestros pueblos, o la imposibilidad de cobrar las ayudas de la PAC al no ser superficie elegible los pastos afectadas por incendios durante un largo periodo de cinco años, son algunos de los problemas que día a día nos encontramos para desarrollar nuestra actividad bajo el pretexto, los intereses y la maraña burocrática que se ha creado alrededor del “medio ambiente”.

¡Cambiemos la orientación del desarrollo y ejecución de la política mediaombiental! Bajo el actual enfoque de confrontación con todas las actividades económicas tradicionales desarrolladas durante siglos en nuestros pueblos estamos abocados al abandono, el incremento de los incendios, la despoblación y el fracaso. Para hacer frente al reto demográfico y fijar población joven en el medio rural es necesario no enfrentar el medio ambiente con el agricultor y el ganadero y abordar la sanidad bajo el enfoque propugnado a nivel mundial “una sola salud: humanos, animales y medio ambiente”. Cuestiones indispensables para lograr una agricultura y una ganadería rentables, sostenibles y competitivas en un contexto de globalización y de obligación moral de alcanzar la seguridad alimentaria universal y para frenar la sangría de activos en el medio rural.

 

Joaquín Antonio Pino

Presidente de Jóvenes Agricultores -ASAJA-

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