A nadie se le ha ocurrido dedicar una fiesta al maíz, como si la tiene la patata, el pimiento, las alubias o el tomate, por poner algunos ejemplos. El maíz parece como un cultivo invasivo, un cultivo no deseado, que ha venido a ocupar nuestras mejores fincas de regadío y a adormecer la iniciativa de nuestros agricultores, unos agricultores que presuntamente lo siembran porque requiere menos trabajo y menos inversión. Nuestra consejera de Agricultura, Milagros Marcos, de visita el pasado martes a Santa María del Páramo, rodeada de miles de hectáreas de maíz y con un auditorio de productores de maíz, habló de cualquier cosa menos de ese cultivo. Y es un error, porque el maíz es el cultivo estrella de los regadíos leoneses, es bueno que sea así, y así seguirá siendo en los próximos años. Su implantación no responde a una planificación política de nuestros cultivos, ni falta que hace, responde a la lógica empresarial de unos agricultores que han visto en este producto una serie de ventajas, como son el mercado – producto no perecedero y del que además somos deficitarios-, la perfecta adaptación a nuestras condiciones agronómicas, la fácil mecanización, y quizás también una menor necesidad de circulante. En definitiva, si nuestros agricultores siembran maíz y no otros cultivos, es porque le ven indudables ventajas respecto a otras opciones ya exploradas o que pretenden que exploremos. Estos agricultores escuchan otros consejos, pero ello a la vez que se esfuerzan en conseguir cada año mejores producciones de maíz, cosechas más estables, y con los menores costes posibles. Y siendo cierto que el precio lo pone otro y que no se está avanzando nada en una comercialización más organizada, no es menos cierto que esa misma circunstancia se nos da en el resto de producciones agroganaderas. Reivindico pues el maíz como cultivo estrella de nuestros regadíos, pido apoyos para que seamos los más competitivos del mercado, y quién quiera introducir otras alternativas, que serán bien recibidas, que demuestre rentabilidad.
*Artículo de opinión de José Antonio Turrado publicado en La Nueva Crónica del viernes 10 de noviembre de 2018.
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