Recibo con pena la noticia del fallecimiento del político leonés Jaime Lobo, y me sumo al dolor de sus familiares y amigos. Si la muerte le hubiera dado una tregua mayor, en los próximos días enviarían él y su esposa Pilar, como hacían cada año, las felicitaciones de Navidad firmadas una a una a sus amigos. Jaime Lobo fue un buen político y fue un buen candidato, que no necesariamente es lo mismo. Un buen candidato porque conocía como nadie la maquinaria electoral de los partidos, tendía una amplia agenda de contactos por todos y cada uno de los municipios de la provincia, era un político servicial con los simpatizantes y con los cargos electos del partido, era cercano con la gente, le dedicaba a la política las veinticuatro hora del día y no como algunos de los actuales que lo llevan con horario de funcionarios, y hasta tenía buena planta, que también ayuda. Creo que el partido no siempre acertó con la designación de cargos y listas electorales, y quizás el mayor error fue mandarlo de Subdelegado para Ciudad Real en vez de aprovechar su fuerza política para que lo fuera de su provincia, algo que yo siempre consideré como un destierro. Jaime fue el político más apreciado por los alcaldes rurales y siempre estuvo a disposición de la organización agraria ASAJA para cualquier cuestión relacionada con el campo, y en este sentido, asistí a una sesión Plenaria del Senado en la que defendía los regadíos leoneses y la regulación del río Omaña para regar el Páramo. Con él y con Demetrio Espadas estuve otra vez en el despacho de Loyola de Palacio, a la sazón ministra de Agricultura, convenciéndola de la necesidad de desarrollar los regadíos de Payuelos. En Ciudad Real, un destino como he dicho equivocado, se ganó pronto la confianza del mundo agrario y entabló muy buena relación con el líder de ASAJA a nivel nacional, y agricultor en esa provincia, Pedro Barato. Jaime Lobo no hacía política con ordenador, que ya los había, ni siquiera con muchos papeles en la carpeta, la hacía con cacha en mano corriendo pueblos y romerías. Descanse en paz.
* Artículo de opinión de José Antonio Turrado publicado en La Nueva Crónica del viernes 29 de noviembre de 2019
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