De esta, de la crisis económica de la pandemia, no salimos más fuertes, no salimos reforzados, salimos con muchos peores hábitos desde el punto de vista de lo que es el respeto al trabajo, y si se me permite y para que se me entienda, salimos más vagos. Supongo que estuvo bien quedarse en casa para combatir el virus, pero un amplio sector de la población lo ha tomado al pie de la letra y no quiere saber nada de la desescalada, laboralmente hablando, y está a gusto en su casa alternando el colchón y el sofá y viendo todas las películas de las plataformas de televisión. Los rezagados de la desescalada, la mayoría empleados públicos pero también empleados de la empresa privada, deben de pensar que no hay mejor vida que la de estar en casa llegando la nómina limpia de polvo y paga a final de mes, que digo limpia, más limpia que nunca porque se ahorra uno hasta el café de mediodía y el gasto desplazamiento al centro de trabajo. Dicen los eslóganes del Gobierno que hay que salir unidos, y yo le digo que conmigo que no cuente, que yo no me uno con los que no trabajan, que bastante tengo con pagar los impuestos – y en estos días todos estamos haciendo la declaración del IRPF-, para costear unos servicios púbicos que están cerrados a cal y canto. No creo que haya que ir juntos y unidos a ninguna parte, creo que cada uno tenemos que hacer nuestro trabajo y hacerlo bien, y solo de la suma del esfuerzo y trabajo de todos saldrá adelante una nación sumida en la mayor crisis económica de su historia. Estos días Europa debate el apoyo a los países miembros para afrontar este revés económico y lo hace con ayudas directas y préstamos avalados, siendo España uno de los países que más se va a beneficiar. Pues bien, no nos extrañe que haya recelos hacia nosotros de países norteños que saben de la ligereza con la que nos tomamos los españoles las obligaciones laborales. No nos extrañemos que recelen cuando saben en qué nos gastamos el dinero, por ejemplo en levantar la calle Ordoño II cada vez que llega un nuevo alcalde. No somos merecedores de casi nada.
*Artículo de opinión de José Antonio Turrado publicado en la Nueva Crónica del viernes 29 de mayo de 2020
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