UNA QUITA INMORAL

El pasado miércoles, en Valladolid, cuando se firmó por parte de las organizaciones sociales, económicas y sindicatos agrarios, un documento de exigencias a la cadena de supermercados Día, en la sede del Consejo Económico y Social, con la participación activa de su presidente, Germán Barrios, se creó una cierta confusión entre los medios de comunicación, pues no entendían que se hiciese una llamada preventiva a Día, y por el contrario no se entrase a valorar la desastrosa gestión de El Árbol.

UNA QUITA INMORAL 

El pasado miércoles, en Valladolid, cuando se firmó por parte de las organizaciones sociales, económicas y sindicatos agrarios, un documento de exigencias a la cadena de supermercados Día, en la sede del Consejo Económico y Social, con la participación activa de su presidente, Germán Barrios, se creó una cierta confusión entre los medios de comunicación, pues no entendían que se hiciese una llamada preventiva a Día, y por el contrario no se entrase a valorar la desastrosa gestión de El Árbol. Todo a raíz de la compra de El Árbol por parte de Día, evitando la situación concursal a la que estaba abocado después de años de mala gestión y una vez agotadas las aportaciones al capital social y los préstamos participativos de Madrigal y el grupo de las extintas cajas de ahorro de Castilla y León. Pero la confusión se despejó cuando, a las insistentes preguntas de los periodistas, se respondió con una claridad que no figuraba en el documento que se estaba suscribiendo. Y es que, en estos últimos años, El Árbol ha ido retrasando pagos a los proveedores acumulando deuda de varios meses y por un montante de dinero nada desdeñable, con centenares de pequeñas y medianas empresas agroalimentarias de Castilla y León y de otras partes de España. Los listos de la cadena Día, que saben lo que compraron, porque las deudas están en la contabilidad y es lo primero en lo que se fija un comprador, quieren hacer una limpieza acelerada del balance utilizando prácticas que se me antojan un tanto mafiosas. La técnica consiste en obligar a los proveedores a que le hagan una quita, vendiéndolo como la mejor forma de cobrar algo pronto y de apuntarse como proveedores de la nueva empresa. Se trata de una quita a la carta, sin garantía jurídica alguna, sin garantía de futuro, que demanda una nueva empresa de la que se sabe que es muy dura en las negociaciones, que tiene desapego absoluta de los territorios, y que lleva como bandera su marca blanca. Ese día, habló también  la consejera de agricultura, Silvia Clemente, pero no dijo nada Tomás Villanueva, el de Economía. ¿Sorprende?

 

Artículo de opinión de José Antonio Turrado publicado en La Nueva Crónica del viernes 24 de octubre de 2014.