Segovia, 5 de agosto de 2025.- Llevamos unos días de campaña en nuestra provincia y cada día que pasa hay más incertidumbre en el sector. Las patatas baratas y el gasóleo prohibitivo.

La patata de calidad de Castilla y León se puede y se debe pagar a un precio justo, no se entiende que se hagan importaciones masivas de patata francesa por empresas que han recibido ingentes cantidades de dinero de la Junta de Castilla y León para desarrollar sus industrias y no colaboren nada en que el sector para que sea económicamente viable.

  • La OPA recuerda a la Administración que la Ley de Cadena Alimentaria está para ser cumplida y frenar ventas por debajo de coste

ASAJA exige que se mantenga una remuneración justa para los agricultores que siembran patatas. El precio de las patatas en la tierra está hundido, pero en los lineales de los grandes distribuidores no ha cambiado nada, por lo que hay muchos intermediarios que se están llenado los bolsillos a costa de nuestros agricultores. Hay que recordar a la Administración, su obligación de dar cumplimiento a la Ley de la Cadena Alimentaria, para frenar cualquier intento de ventas por debajo de costes, y por supuesto ASAJA señala a todos los operadores y en especial a la Gran Distribución para que frenen su avaricia y ofrezcan precios que hagan rentable la actividad agrícola.

Los costes del cultivo de patata son muy fuertes, en torno a 10.000 euros por hectárea, lo que significa que solo para cubrir costes se necesita una producción óptima y un precio digno. En el verano de 2024, los precios oscilaron entre 40 y 55 céntimos, unas cotizaciones buenas para los productores, y en todo caso muy lejos de los precios que pagan los consumidores.

El precio del gasóleo agrícola está disparado y aquellos agricultores que rieguen bombeando e impulsando agua a partir de gasóleo, se están encontrando con uno coste de producción disparado que debería ser compensado con una devolución del impuesto de hidrocarburos más importante.

Por último, ASAJA pide encarecidamente a los consumidores que en estos meses se fijen en la etiqueta que marca el origen de la patata (el origen, no el envasado) y elijan patata de nuestra tierra. También sugiere que la patata muestre un “doble etiquetado”, en el que figure con claridad el origen y también lo que se paga al productor y lo que se cobra al consumidor, “porque estamos cansados de que la sociedad piense que nos estamos forrando, cuando aquí el beneficio se lo quedan los intermediarios”.

Se debe proponer un Plan Estratégico en nuestra CC.AA, para proteger el cultivo de la patata, se debe implicar a: Sector Primario, Industria y Administración, para procurar hacer viable y rentable el cultivo, con una visión a largo plazo.