Donaciano Dujo. Presidente de ASAJA Castilla y León


En estos tiempos se hace difícil mantener la cabeza fría. Desde luego no siento ninguna simpatía por países sostenidos por dictaduras como el de Irán, sin democracia alguna y sin respeto a los derechos humanos. Por otra parte, y aunque fue elegido democráticamente, pocas simpatías se puede tener por la bravuconería de Trump, que trata de imponer sus caprichos a todo el planeta, sin respetar ley ni lógica alguna.


La única verdad es que cada vez que hay una guerra nos arruinamos un poco más, en el campo y en todas partes. Esto se repite siempre, y más recientemente en Ucrania y ahora en Oriente Medio. Vidas humanas perdidas, poblaciones destrozadas, pérdidas económicas. Y al final, para nada.


Desde que el pasado 28 de febrero Estados Unidos declara la guerra a Irán se ha desatado una situación de crisis económica mundial. De Oriente Medio procede buena parte del petróleo que abastece a muchos países, entre ellos el nuestro. Baja la Bolsa, sube el barril de petróleo, se dispara la inflación y los tipos de interés, y ya estamos dentro de una cascada de subidas que acabará por repercutir en la cesta de la compra. Pobres consumidores, y consumidores somos todos, los agricultores por partida doble, porque además somos compradores de insumos para producir en nuestras explotaciones.


Con este panorama, las empresas petroleras quieren aprovechar la coyuntura para ganar todavía más a costa de los que necesitamos el carburante para trabajar, desde los agricultores a los transportistas, entre otros autónomos. El gasóleo o gasolina que ahora estamos pagando a precio de oro las multinacionales petroleras lo tienen comprado desde hace meses, una ganancia que ya se llevan por delante.
En apenas una semana, el gasóleo agrícola ha subido un 50%, de 0,95 en febrero a casi 1,50 en la actualidad. Y además hay falta de suministro, todavía peor, porque no podemos quedarnos sin combustible ni abono en plena campaña. ¿Y qué dice el Gobierno? Aún nada concreto. Hay margen, porque casi el 50 por ciento de lo que pagamos por litro de gasóleo son impuestos: parece una broma que, cuanto más caro sea el gasóleo, más recauden las administraciones, vía impuestos. Encima, las desgracias no vienen solas y detrás del encarecimiento del gasóleo van los fertilizantes.


El campo no aguanta más y las organizaciones agrarias de Castilla y León fuimos las primeras en salir a la calle. La próxima protesta, este mismo miércoles. Y seguiremos mientras no tengamos respuesta, o a Trump le dé por cualquier otra cosa, porque con este individuo nunca se sabe.