Donaciano Dujo. Presidente de ASAJA Castilla y León
Por tercera vez en apenas dos meses, los agricultores y ganaderos de Castilla de León nos manifestamos el miércoles pasado en Valladolid convocados en unidad de acción por todas las organizaciones profesionales. El motivo de la protesta es un hecho contundente: trabajando nos estamos arruinando.
Esta cosecha, con una producción estimada de 5,5 millones de toneladas -un 40% menos que la del año pasado-, va a suponer pérdidas de 300 millones de euros. Los costes de siembra de las 1.650 000 hectáreas declaradas en la PAC han sido alrededor 1.320 millones de euros, mientras que el valor de la cosecha, a los precios actuales, apenas llegaría a 1.020 millones de euros. Esos 300 millones que se pierden por el camino es más de lo que esa superficie cobrará por la PAC. El agricultor irá una vez más a cero, y ya son varias campañas así. La ruina.
Los conflictos bélicos, Rusia-Ucrania y Estados Unidos e Israel contra Irán, aprovechados por las multinacionales de fertilizantes y carburantes para especular, sumado todo ello a la pasividad de nuestros gobiernos, UE, nacional y autonómico, están llevando al sector agrícola a una situación insostenible y, lo que es peor, sin que podamos ver qué solución es posible.
Lo único cierto es que se está poniendo en peligro la producción de cereales, y no solo en Castilla y León, es que si aquí no es rentable no lo será en modo alguno en el resto de España, y lo mismo se percibe en el resto de Europa, y más allá incluso. Producir cereal, esencial para la alimentación humana y ganadera, no es rentable hoy en ninguna parte del mundo, ni en secano ni en regadío. Reclamamos ayudas aun sabiendo que son tiritas, parches, para seguir adelante, pero sabiendo que eso no soluciona el problema de base y no da seguridad para el futuro.
Hace falta un cambio grande de las políticas nacionales y europeas, eso para empezar. Hay que procurar un suministro propio y garantizado de insumos esenciales para la agricultura como son la energía y los fertilizantes, porque somos deficitarios, y eso significa cambios tecnológicos y productivos de calado. Si no, estamos vendidos… y hundidos.
Porque lo de ahora no hay quien lo aguante. Costes por las nubes y precios de cereales de los años ochenta del siglo pasado. El consumidor ya está pagando más por los alimentos pero a los agricultores no nos llega un céntimo. Y si nos siguen expulsando de la producción -esta campaña se ha reducido la superficie en más de 300.000 hectáreas- necesariamente subirán todavía mucho más los precios de los alimentos. Abandonaremos y dependeremos de las importaciones. Comeremos peor y más caro.
Pero parece que de todo esto solo nos enteramos los agricultores… Pero detrás de nosotros van también los sectores que nos acompañan: los que nos venden los insumos, y los que nos compran la producción. Si nosotros caemos, ellos van detrás. Muchas muertes económicas para una tierra que no anda sobrada de actividad. Es para pensárselo mucho. Y será la primera tarea que deberá afrontar el próximo consejero/a de Agricultura.


