José Antonio Turrado. Secretario general ASAJA Castilla y León

Ahora síDecía un dirigente agrario francés, ya fallecido, que si los agricultores cuando las cosas nos iban bien no lo decíamos, cuando de verdad fueran mal nadie nos creería. Comparto esa reflexión y  ̶dentro de lo posible y sobre todo por la razón que exponía Jean-Michel Lemetayer̶   trato que ASAJA, hasta donde yo puedo influir, sea rigurosa cuando se analiza la situación del sector. Desde luego no todo está mal, no todo está siempre mal, y algunas cosas a veces están bien. 

Pero ahora toca hablar de lo mal que está el sector de los cereales, el más importante desde el punto de vista cuantitativo de todos los cultivos de Castilla y León, y toca decirlo con buenos argumentos y para convencer. Porque el fin de la queja no puede ser otro que el de tratar de revertir las políticas agrarias que nos han llevado a la situación actual, y conseguir ayudas para que, mientras las cosas cambian, no se queden explotaciones por el camino. No ayuda nada a divulgar nuestro mensaje, que necesariamente tiene que ser catastrofista, el que los agricultores, nuestros socios, nos respondan tan tímidamente cuando convocamos movilizaciones como la última que, con carácter autonómico y en unidad de acción, celebramos en Valladolid hace pocas semanas. Ni tampoco ayuda que reventemos el mercado pagando barbaridades por la renta o la compra de las tierras.

El mercado de los cereales está hundido en todo el mundo, y todos los cerealistas del mundo tenemos dificultades para que nuestras explotaciones salgan de los números rojos. Ahora no hay duda de que las cuentas no salen debido a unos precios bajos en las cotizaciones y a unos elevados costes de producción en insumos como los carburantes y los fertilizantes. Es cierto que algo se está moviendo en Europa para ayudarnos a los agricultores pero, al ritmo que van las cosas en la Unión Europea, cuando de verdad pongan medidas ya será demasiado tarde para la mayoría. Por eso toca apretar. Admitido el problema, tenemos que mover conciencias entre la clase política, y tenemos que exigir cambios normativos y apoyos económicos directos de una forma inmediata. Y no hay hueco para excusas que, con razón o sin ella, se han puesto otras veces, puesto que las organizaciones agrarias, todas, estamos defendiendo unidas la misma causa.

La cosecha, mediocre, no va a resolver parte del problema económico como lo resolvió el pasado año, y la PAC, cuando llegue en forma de anticipo a mediados de octubre, la tendremos gastada por adelantado. Por eso, más pronto que tarde, el sector se tendrá que volver a movilizar, unido y organizado, y la duda es si detrás de la pancarta vamos a estar un grupo de incondicionales de toda la vida, o si por el contrario va a haber familias enteras de agricultores y ganaderos, particularmente los más jóvenes, luchando por un presente y un futuro para el campo. Luchando por nuestras rentas y por nuestro patrimonio. Luchando para no arruinarnos trabajando porque, esta vez sí, las cosas están mal.