Donaciano Dujo. Presidente de ASAJA Castilla y León

Contrastada está la calidad de la alimentación en Europa y especialmente en España. Nuestra marca cotiza al alza en los mercados internacionales y, gracias a ello, somos una potencia en exportación de alimentos tanto agrícolas como, sobre todo, ganaderos. Detrás de esa marca está una cadena perfectamente organizada, muy profesional y especializada. Todo parte del buen trabajo diario de los ganaderos en sus granjas, explotaciones modernas y profesionales, gestionadas con criterio y respeto a las exigentes normas europeas, tanto medioambientales como de manejo, para que los animales estén sanos y bien alimentados. Luego pasarán por mataderos, industrias agroalimentarias, distribución a veces internacional si van a exportación. El resultado final que se persigue es la excelencia. Cada uno de esos eslabones retiene un beneficio, y con toda seguridad es el ganadero o el agricultor el que menos obtiene por su esfuerzo. La rentabilidad sigue siendo la reivindicación principal del sector.

Pero hay otro problema que está golpeando a las granjas: las enfermedades. Algunas las arrastramos desde siempre, como la tuberculosis; otras se habían erradicado y ahora regresan, como la peste porcina o la lengua azul, y también hay unas pocas que se estrenan en nuestro territorio. Hoy, el estado sanitario de la cabaña es la obsesión de los ganaderos, máxime cuando buena parte de la producción va dirigida a la exportación. Cualquier cambio en las bajas, o en el estado general de sus animales, enciende las alarmas. Casi siempre tras esos primeros casos positivos hay que afrontar medidas drásticas, como el sacrificio de toda la explotación. Eso supone pérdidas económicas que no se superan ni con las indemnizaciones: acarrean una interrupción en el trabajo y funcionamiento de la empresa que se tarda mucho tiempo en superar. Incluso en algunos casos nunca se logra regresar al nivel anterior. Es por tanto un golpe de envergadura para el capital económico, pero también humano, de la explotación. Recuperar la ilusión es difícil.

Todo ello supone también un coste importante para las administraciones públicas, que tienen que apoyar con las indemnizaciones por sacrificio, la destrucción de cadáveres o la desinfección de las instalaciones. Y también acaba por tocar al consumidor, porque repercute en la oferta disponible, e incluso en el caso de las exportaciones se frena la salida a otros países, unas relaciones comerciales complicadas de recomponer.

¿Qué se puede hacer? Lo primero y esencial, escuchar y seguir las pautas que marcan los que más saben de esto, los veterinarios. Lo segundo, actuar todos, administraciones y ganaderos, en la misma dirección. Lo tercero, intentar minimizar los riesgos. Aplicar con el máximo rigor las medidas de bioseguridad, doblemente importantes cuando hablamos de explotaciones intensivas, en las que puede entrar el contagio por descuidos mínimos en la cadena de transporte y suministro. También fundamental especialmente para la ganadería extensiva, aunque repercute en toda la cabaña, es controlar posibles vectores de contagio, como el que representa la sobrepoblación de fauna silvestre. No frenaremos las enfermedades matando a nuestras vacas si son los jabalíes los que están infectados.

La Junta de Castilla y León, el Ministerio de Agricultura, y la propia Unión Europea tienen que funcionar como un reloj para que el control sea eficiente para lo que se mueve dentro de las fronteras comunitarias, y mucho más para lo que llega de terceros países.  Y en la misma línea, la cadena productiva, comenzando por el propio ganadero, no puede cometer errores ni descuidos que con toda seguridad va a pagar muy caros. Por supuesto, el desarrollo de vacunas debe ser prioritario. Demostrado está que la mayoría de las enfermedades no se erradican hasta que no hay una vacuna potente y generalizada.

Por último, un mensaje para los consumidores. Las noticias sobre enfermedades ganaderas, como los casos de Newcastle en las últimas semanas, les pueden hacer desconfiar. Pero todo lo contrario: si se conocen estos casos, es porque en nuestro país hay controles férreos para que todo lo que llegue a los lineales de los supermercados esté en perfectas condiciones.