Europa tiene ahora su última oportunidad para reconstruir su agricultura sobre bases sólidas. Este fue el mensaje inequívoco transmitido desde Estocolmo por las principales organizaciones agrícolas y cooperativas agroalimentarias europeas durante el 12.º Congreso de Agricultores Europeos, celebrado estos días en Bruselas.

Dirigiéndose a los jefes de Estado y de Gobierno de la UE reunidos en Bruselas, los líderes del sector agrícola advirtieron que las decisiones sobre el futuro de la Política Agrícola Común (PAC) y el presupuesto de la UE determinarán la capacidad de Europa para alimentar a sus ciudadanos y mantenerse segura, competitiva y resiliente.

Del 14 al 16 de octubre, las principales organizaciones agrícolas -incluida ASAJA- y cooperativas agroalimentarias de toda la Unión Europea se reúnen en la capital sueca para celebrar este congreso bienal, organizado por Copa y Cogeca en estrecha colaboración con la Federación de Agricultores Suecos (LRF). Con la participación de cerca de 400 delegados y 54 ponentes, el Congreso aborda los grandes desafíos a los que se enfrenta la agricultura europea, tales como la competitividad, la resiliencia, la seguridad alimentaria, los costes de los insumos, la innovación, la inversión y el relevo generacional.

El Congreso de este año tiene lugar en un contexto excepcionalmente tenso. Un verano devastador ha vuelto a poner de manifiesto la vulnerabilidad de la producción agrícola europea frente a fenómenos meteorológicos extremos. Al mismo tiempo, los conflictos bélicos, las tensiones comerciales y una creciente inestabilidad geopolítica están perturbando los mercados mundiales, alimentando la inflación y aumentando la presión económica sobre las explotaciones agrícolas y las cooperativas agroalimentarias.

Paralelamente, el rumbo de la política agrícola europea sigue siendo incierto y dista mucho de ser tranquilizador. Desde hace dos años, las organizaciones agrícolas se han movilizado por toda Europa. Hemos advertido reiteradamente sobre una propuesta inicial de la Comisión Europea que socavaría uno de los pilares del proyecto europeo. Hemos salido a las calles, tanto en Bruselas como en las capitales nacionales, para defender una línea roja fundamental: una PAC sólida, común y dotada de la financiación adecuada.

Las propuestas actuales para el futuro presupuesto de la UE y la PAC corren el riesgo de debilitar los recursos, el carácter común y la previsibilidad de la política agrícola europea, precisamente en un momento en que los agricultores necesitan estabilidad y una perspectiva clara a largo plazo. En este contexto, los líderes del sector agrícola europeo han adoptado la Declaración de Estocolmo, un llamamiento colectivo de gran relevancia que insta a los dirigentes europeos a reconocer la gravedad de la situación y a tomar medidas decisivas, ya que «la agricultura europea se acerca a su punto de ruptura», advierte el vídeo que acompaña a la Declaración.

La Declaración reclama que la agricultura sea reconocida como un pilar de la seguridad, la capacidad de respuesta y la defensa de Europa. La producción de alimentos, piensos, combustibles y fibras constituye un activo estratégico; por su parte, los agricultores y las cooperativas agroalimentarias representan la primera línea de defensa de Europa a la hora de preservar los territorios productivos y garantizar un suministro de alimentos fiable y asequible.

Asimismo, se solicita que el presupuesto de la PAC (Política Agrícola Común) se mantenga, al menos, en su nivel actual —ajustado a la inflación— y que cuente con una financiación debidamente blindada. La PAC debe seguir siendo una política verdaderamente «común», con su propio presupuesto específico y protegido, si Europa desea salvaguardar realmente su Mercado Único y evitar una renacionalización de la política agrícola sin precedentes.

La Declaración aboga también por situar la agricultura en el centro de la agenda de competitividad europea. Defiende el fortalecimiento de los mercados y de los instrumentos de gestión de crisis, una mayor inversión en innovación, resiliencia hídrica, infraestructuras, digitalización y bioeconomía, así como una PAC más sencilla y proporcionada que respete la diversidad de la agricultura europea.

Europa no puede fortalecer su seguridad ni aspirar a actuar como una potencia global en el futuro si debilita sus cimientos agrícolas. Por tanto, defender la PAC hoy equivale a defender Europa. Por este motivo, todas las organizaciones agrícolas europeas permanecerán más vigilantes y movilizadas que nunca en los próximos meses, a medida que las negociaciones entran en su fase decisiva. Europa no puede permitirse cometer un error estratégico en este momento crítico.

 

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