Donaciano Dujo. Presidente de ASAJA Castilla y León
Estos días los agricultores preparamos las pancartas para manifestarnos el próximo 28 de octubre en Madrid. Los motivos son bien sabidos y son de máxima relevancia: peleamos por el futuro del campo y de la alimentación de toda la sociedad. Pero hoy quiero dedicar este espacio a hablar de agradecimiento. Dar las gracias parece que ya no está de moda, aunque nuestros padres nos repitieran tantas veces que “es de bien nacidos ser agradecidos”. Yo lo estoy con Palenzuela, un pueblo palentino que el pasado 11 de octubre tuvo a bien entregarme su ‘cebolla de honor’. Un premio sencillo y de la tierra, que es de donde soy y donde estoy más a gusto. Palenzuela tiene tradición en el cultivo de la cebolla horcal, que los agricultores atienden con esmero, y cuya calidad es bien conocida. Yo recogí el premio, no tanto como Donaciano Dujo, un agricultor más, sino como presidente de ASAJA de Castilla y León y por la defensa de la agricultura y la ganadería de la región.
Dicen que cuando se recoge un premio no hay que alargarse mucho, pero yo ese día no pude por menos que dar las gracias. Al municipio, con la alcaldesa en cabeza, por supuesto, pero también a todos los agricultores de la zona, a todos los socios de ASAJA y a mi organización en conjunto. Porque los premios y los logros no son de uno solo, sino de muchos, de todos los que te apoyaron en el pasado y te apoyan cada día. Los agricultores y ganaderos lo tenemos muy presente, porque nuestros primeros pasos han sido de la mano de nuestros padres, y después hemos seguido hacia delante con nuestra propia fuerza y esfuerzo, sí, pero también con el apoyo de otros. De compañeros que te echan una mano cuando el tractor no funciona o te hace falta alguna herramienta, que tomando un vino te dan una palabra de ánimo cuando las cosas no parecen enderezarse, y hasta te ayudan a sujetar la pancarta en las protestas.
En estos tiempos de redes ‘asociales’, quizás más que nunca, las críticas, los ‘zascas’ y los insultos están a la orden del día. Con frecuencia, los que dan más la nota suelen ser los que menos hacen cuando toca arremangarse. Por eso pienso que tenemos que centrarnos en valorar lo de verdad importante, el trabajo y los logros. Igual alguno se cree que porque nos reunimos con los políticos con corbata formamos parte de ese mundo engañoso. Para nada. Hablamos el mismo idioma que cualquiera, trabajamos en lo mismo, tenemos las mismas dificultades, y los logros que se consiguen son iguales para todos: en definitiva, somos agricultores y ganaderos.
Los problemas que tiene el campo son hoy de tal magnitud que la lucha reivindicativa es más salvaje que nunca, y a veces desalienta. Las organizaciones agrarias somos como un martillo pilón y logramos amortiguar golpes, pero no pararlos del todo. Cuando cortamos una hemorragia, empieza otra. Y así cada día. Por eso, si hay algo que reconforta y hay que agradecer es el saludo sincero de la gente de cualquier pueblo, que igual no sabe los detalles de la PAC o los ecorregímenes, pero tienen muy claro que a lo que nos dedicamos en ASAJA es a defender al campo. Y que en vez de corrernos a gorrazos, como ya pasa con los políticos, hasta nos inviten a un café y nos den un premio.



