Donaciano Dujo. Presidente de ASAJA Castilla y León

En los últimos días hemos escuchado la desagradable noticia de que el gobierno quiere ampliar también al norte del Duero la protección de la que ya goza el lobo ibérico al sur del río. La ministra de Transición Ecológica y Reto Demográfico parece decidida a ello, pasando por alto los enormes problemas y sufrimiento que ya está ocasionando el cánido en los cada vez más amplios territorios por los que se expande, a costa de numerosas bajas en la cabaña ganadera.

La primera cuestión que rechazo con contundencia es esta nueva forma de hacer política a la que cada vez se apuntan más de nuestros dirigentes. Sueltan cualquier ocurrencia en los medios de comunicación y después convocan a los agentes implicados para ver qué les parece. ¿No sería más lógico hacer justo al revés, primero hablar con los afectados para conocer las posibles consecuencias de cualquier iniciativa, y luego transmitirlo a los medios de comunicación?

Como no podía ser de otra forma, la propuesta de Teresa Ribera se ha encontrado en frente con los gobiernos de Galicia, Asturias, Cantabria y Castilla y León, o sea, con todos los que tienen algo que decir sobre lobos, porque están en sus territorios. En concreto, en nuestra Comunidad Autónoma está el 60 por ciento de los lobos de España. En Castilla y León tenemos más de 2000 ejemplares, cuando en toda Francia hay poco más de 400, y solo nosotros sumamos casi tantos como toda la UE junta. Se ve que, en otras partes, con muchos menos o con ninguno, no parece que estén muy interesados en querer recibirlos y protegerlos.

Cuando hablan de que hay que convivir con el lobo, digo: convivir es que ambas partes vivan. Y no es así. Donde llega el lobo, mata ganado. En el año 2019 se denunciaron en Castilla y León 2600 ataques, lo que quiere decir que hubo muchos más, porque buena parte no se denuncian. Se perdieron 4000 cabezas de ganado, que viene a ser como si a cincuenta ganaderos les mataran toda la explotación, cincuenta negocios en quiebra. Significa dos millones de euros de pérdidas, pero sobre todo levantarte cada mañana con la moral por los suelos, sin saber lo que te vas a encontrar en la explotación.

Los agricultores y ganaderos defienden y mantienen el medio ambiente, y apuestan por prácticas sostenibles, porque son los primeros en querer mantener el entorno en el que viven y trabajan en las mejores condiciones. Más aún en el caso de la ganadería de extensivo que, con su pastoreo y aprovechamiento, garantiza un estado óptimo del territorio, para que se reduzca la posibilidad de incendios en los meses secos.

Es de locos que, con el número desorbitado de ataques que hay en Ávila y Salamanca, se quiera ampliar la gestión catastrófica del sur al norte del Duero, cuando tendría que ser justo lo contrario: permitir un control sostenible de las poblaciones de lobo en todo el territorio. No sé si Teresa Ribera sabe mucho de transición ecológica, pero desde luego se ve que el reto demográfico le importa muy poco. Porque lo que pretende la ministra significa lisa y llanamente expulsar a las familias ganaderas del medio rural.

 

*Publicado en Mundo Agrario, suplemento de El Mundo de Castilla y León