Pedro Medina, (Ingeniero Agrónomo), ex viceconsejero de Política Agraria Comunitaria y Desarrollo Rural
La Comisión Europea, comenzaba su mandato con el documento de reflexión titulado: “Una visión de la agricultura y la alimentación”. Un documento sobre el que ya manifesté que contenía música que “Riega el Oído de los Agricultores”, con mucha retórica y nada más.
El documento enmarca la labor de la Comisión, para sus cinco años de mandato, en todos los ámbitos políticos relacionados con la agricultura y la alimentación, incluyendo la orientación de la futura PAC a partir de 2028. Además, pretende ser una hoja de ruta para el sector agroalimentario en su conjunto, que se despliega en múltiples líneas de actuación, identificando hasta 49 iniciativas en todas las direcciones, en un marco temporal amplio y no concreto con múltiples referencias a largo plazo, “2040”.
Entre las iniciativas anunciadas, este mismo mes de julio, el día de San Fermín, se han presentado dos de ellas: “la Estrategia ganadera de la UE”; y “el Plan de Acción para la resiliencia, la autonomía estratégica y la sostenibilidad del sistema de proteínas de la UE”. Pretende la Comisión marcar la dirección para un sector ganadero próspero y un sistema proteico autosuficiente. A estas dos iniciativas, también se las asocia “el Plan de Acción sobre los Fertilizantes: Asociación para garantizar la disponibilidad, asequibilidad y autonomía estratégica de los fertilizantes producidos en la UE”, presentado en mayo como respuesta a la crisis de Oriente Medio.
Aparentemente, en los documentos citados, la Comisión intenta recuperar y poner en el centro del debate conceptos como: seguridad alimentaria, autonomía estratégica, rentabilidad de las explotaciones, sistemas anticrisis y mantener el tejido económico de las zonas rurales, con el objetivo de conseguir un sector agroalimentario competitivo que se encuentra en dificultades, en muchos casos consecuencia de las propias directrices políticas dictadas desde Bruselas.
Una primera cuestión que me surge es si en el actual mandato de la Comisión, que se encuentra cerca de su ecuador, se pondrán en marcha los diferentes mecanismos que se proponen. Son muchas las dudas y antecedentes que justifican que la puesta en marcha de este tipo de iniciativas no se concreta o desarrolla en tiempo y forma. Y me referiré a dos de las iniciativas en concreto.
Un primer ejemplo de la lentitud en la toma de decisiones es el referente al Plan de fertilizantes. Ya en 2022, la Comisión presentó una Comunicación titulada «Garantizar la disponibilidad y asequibilidad de los fertilizantes”, en la que se establecían medidas inmediatas a tal efecto, pues bien, cuatro años más tarde un nuevo Plan de acción sobre la materia en el que en gran medida se reproducen los aspectos y medidas ya identificadas en 2022, en definitiva, tropezando en la misma piedra tras cuatro años perdidos.
Segundo ejemplo, en relación a los planes para reducir la dependencia de proteína vegetal en Europa, ya en 2018 se publicó un informe de la Comisión al Consejo y al Parlamento europeo sobre el desarrollo de proteínas vegetales en la UE (y no era el primero); y a ello se han sumado otras iniciativas como el llamamiento político de los dirigentes de la Unión, consagrado en la Declaración de Versalles de 2022, para aumentar la producción de proteínas de origen vegetal en la Unión, y del Parlamento Europeo en su Resolución de 2023 sobre una estrategia europea en materia de proteínas. De nuevo, son ejemplos de la pesada carga burocrática que existe en las instituciones europeas.
En relación con la estrategia ganadera de la UE, la primera de este tipo, en ella se reconoce la importancia de la ganadería en términos económicos, ambientales, sociales y territoriales, a la vez que se identifica el descenso en los censos ganaderos y los problemas de abandono en algunas zonas.
La estrategia ganadera se desarrolla en cinco pilares: 1. Construir un sector ganadero resiliente; 2. Fortalecer la competitividad; 3. Apoyar una producción ganadera más sostenible; 4. Reconocer la diversidad territorial de Europa; 5. Promover la excelencia en todos los sistemas de producción europeos.
Expresiones a las que nos tenemos que resignar y que se reproducen en los múltiples documentos presentados por la Comisión sobre la nueva PAC: resiliencia, competitividad, sostenibilidad, territorio y excelencia. Pero, analizando su contenido, no dejan de ser declaraciones retóricas para contentar a todos. La propia comisión señala que “el sector debe satisfacer las crecientes expectativas en materia de sostenibilidad ambiental y bienestar animal, sin dejar de ser económicamente viable y atractivo para las generaciones futuras”. Una difícil ecuación. Si no se garantiza la rentabilidad a las explotaciones, de poco sirve poner en valor la excelencia de los sistemas de producción europeos, si el mercado (los precios de venta de los productos) no recompensa las mayores exigencias en temas ambientales, de bienestar animal o en materia laboral.
Otra de las cuestiones que, en mi opinión, preocupan, es el nuevo rol adoptado por la Comisión, relacionado con un nuevo modelo ya implementado en la actual PAC y que se intensifica con las propuestas futuras: la amenaza de RENACIONALIZACIÓN de la PAC, y el riesgo de perder su identidad propia como política económica europea común. Por primera vez desde la fundación de la PAC en 1962, no existiría un fondo (dinero) específico para agricultura.
Así, las estrategias y planes se caracterizan por un punto principal, la ausencia de referencias a financiación específica y la inexistencia de dinero nuevo. A este respecto, debemos tener presente que las propuestas de financiación de la nueva PAC, además de su pérdida de identidad, llevan reducciones significativas en el dinero. En definitiva, de nuevo nos encontramos en el escenario complicado de cómo hacer más con menos presupuesto.
Además, si analizamos algunas de las medidas que se establecen en las estrategias de la Comisión, en muchos casos se utiliza la expresión “la Comisión recomendará a los Estados Miembros”, cargando la responsabilidad en ellos. También en muchos casos se mantienen, aunque parcialmente maquillados, los objetivos de la estrategia de la granja a la mesa, buscando soluciones más ecológicas, abonados orgánicos, economía circular, más bienestar animal, mataderos portátiles… Propuestas, en mi opinión, dictadas desde los despachos europeos con un contenido bucólico, pero de un alcance limitado para resolver los problemas a los que se enfrenta el sector agroalimentario europeo. Una cuestión sencilla, ¿cómo es posible incrementar la disponibilidad de abonado orgánico si los censos ganaderos se están reduciendo y si además buscamos que los animales excreten menos?
Para concluir, mucha retorica que intenta contentar a todos los agentes: agricultores, ganaderos, organizaciones ecologistas, consumidores, etc., pero inconsistente, y que abre al menos dos grandes interrogantes: La excesiva burocracia de las instituciones europeas ¿permitirá adoptar en plazo medidas eficaces, o de nuevo se pasará el tren? Y lo principal, ¿habrá dinero nuevo suficiente? De lo contrario, el refrán atribuido a Quevedo “Don sin DIN…” con el que se indica la poca relevancia de la fama, el honor, la honra, la buena posición, el nombre, las alabanzas o los premios si no se tiene ni se recibe un duro.


