José Antonio Turrado. Secretario general ASAJA Castilla y León

Es evidente que la llegada de Joaquín Antonio Pino a la Consejería de Agricultura y Ganadería, de la mano de Vox y fruto del acuerdo de gobierno del PP con este partido político va a suponer una ruptura de la rutina con la que se afrontan los distintos cambios de gobierno, incluso cuando hay giros ideológicos. Hasta ahora, la rutina era que llegaba un alto cargo que no tenía mucha idea de lo nuestro pero que con el tiempo y voluntad se ponía al día y hasta “controlaba” los asuntos de su competencia, se rodeaba de directores generales de un perfil similar todos ellos que prácticamente ascendían por escalafón, y se mantenía a los jefes de servicio y coordinadores, que en la práctica eran los que mandaban. Lo que ha ocurrido ahora es que ha llegado un consejero que ya sabía de la materia, por formación y por profesión, mientras que por el contrario lo ha tenido más difícil para nombrar un equipo directivo dentro de una estructura funcionarial que le era desconocida. Por primera vez, los directores saben menos que el jefe, y ellos son conscientes, por lo que tendrán que emplearse más para convencer de sus planteamientos en cada uno de los asuntos que lleven al comité de dirección.
Con esto no estamos diciendo que las cosas vayan a funcionar mejor, aunque en buena lógica así debería de ser, porque el éxito va a depender de una estructura funcionarial que no va a entender de cambios, que no va a aceptar muchos cambios, y va a depender de unas dotaciones presupuestarias que forman parte de una decisión del Gobierno autonómico y no de la consejería de Agricultura como tal. El PP mirará con recelo cada euro que gestione Vox, y este último partido, que alguna vez podría hasta utilizar el chantaje para conseguir lo que quiera, no puede hacer del chantaje una política permanente a lo largo de una legislatura que acaba de comenzar.
Hoy pensamos únicamente en lo más inmediato y cercano: gestionar mejor las ayudas y disponer de crédito extraordinario para hacer frente a una crisis de rentabilidad sin precedentes. Pero mañana, lo que toca es negociar una buena PAC y un buen Plan Hidrológico, asuntos estos que son competencia del Gobierno central, un gobierno del PSOE al que le es muy difícil entenderse con los políticos de Vox. Claro que quizás dentro de un año ya no haya en España un gobierno socialista, sino un gobierno de coalición entre PP y Vox, como ahora en Castilla y León, que en teoría debería de facilitar el entendimiento; pero también puede ser que no.
Ante el mayor cambio en la consejería del ramo de cuantos hayamos podido conocer, no cabe otra postura que recibirlo con una actitud positiva y colaborar lealmente desde nuestra independencia y profesionalidad. Reconocer los éxitos –que pocas veces lo hacemos– y denunciar los errores o fracasos debe de seguir siendo la seña de identidad de nuestra organización, una organización que, ahora como antes, tiene que seguir marcando el camino de la reivindicación y los servicios del campo de Castilla y León.


