Desde que se diagnosticara por primera vez a finales de los años noventa, la tularemia es una preocupación recurrente en amplias zonas agrícolas de Castilla y León. Su aparición periódica, muchas veces vinculada a plagas de topillos, ha puesto sobre la mesa no solo un problema sanitario, sino también una cuestión laboral de gran relevancia: su reconocimiento como enfermedad profesional.

La tularemia es una infección causada por la bacteria Francisella tularensis, cuyo principal reservorio en el medio agrario es el topillo campesino. Este pequeño roedor, habitual en cultivos cerealistas, ha protagonizado importantes plagas en las últimas décadas, especialmente en comarcas como Tierra de Campos. Su proliferación no solo provoca daños económicos en las explotaciones, sino que también supone un riesgo directo para la salud de los trabajadores del campo.
El contagio puede producirse de diversas formas: por contacto directo con animales infectados, por heridas en la piel, por picaduras o, de forma muy habitual en el campo, por inhalación de polvo contaminado durante labores como la siega o la cosecha. Esta última vía ha sido determinante en muchos brotes registrados en Castilla y León.
Síntomas
Los síntomas de la tularemia pueden variar en función de la vía de contagio, pero en el medio agrario suelen aparecer de forma brusca. Generalmente se presentan entre 3 y 5 días después de la exposición, aunque pueden tardar más en manifestarse. En los casos adquiridos por vía respiratoria, que son especialmente relevantes en el ámbito agrícola, la sintomatología puede confundirse inicialmente con otras infecciones respiratorias, lo que dificulta el diagnóstico precoz. Los más habituales son: fiebre alta repentina; escalofríos intensos; cansancio y debilidad generalizada; dolor muscular y malestar; inflamación de ganglios linfáticos (especialmente en cuello, axilas o ingles); aparición de úlceras en la piel en caso de contacto directo; tos, dolor torácico o dificultad respiratoria si la infección es por inhalación de polvo contaminado
Reconocimiento de enfermedad profesional
Desde el punto de vista legal, la tularemia está incluida en el cuadro oficial de enfermedades profesionales mediante el Real Decreto 1299/2006. Esto significa que, cuando existe relación con el trabajo, debe reconocerse como tal. Sin embargo, en la práctica, no siempre ocurre así.
Uno de los principales problemas es que muchos agricultores no solicitan el reconocimiento, bien por desconocimiento o por la complejidad del proceso. Esto provoca que casos claramente vinculados al trabajo se traten como enfermedades comunes, con menor protección. Sin embargo, en comunidades como Castilla y León, donde la relación entre tularemia, actividad agraria y presencia de topillos está probada, las probabilidades de éxito son elevadas cuando el caso está bien fundamentado.
Cuando un agricultor presenta síntomas compatibles con tularemia y existe exposición en el trabajo, el primer paso es acudir al médico (centro de salud o mutua) e informar claramente de la actividad laboral, haciendo constar la posible exposición a topillos o a polvo agrícola en zonas afectadas. Este detalle es clave, ya que muchos reconocimientos dependen de que el origen laboral quede reflejado desde el inicio. Para ello, es recomendable aportar toda la documentación posible: informes médicos que confirmen el diagnóstico; descripción del trabajo realizado; acreditación de actividad agraria; evidencias de plaga de topillos en la zona; informes de prevención de riesgos laborales, etc. Una vez presentada la solicitud, el INSS evalúa el caso y emite una resolución. Si el resultado no es favorable, el trabajador aún puede recurrir por vía administrativa e incluso judicial.
En el caso de los trabajadores autónomos agrarios, la tularemia también puede tener la consideración de contingencia profesional si se encuentra vinculada a la actividad laboral y se cumplen los requisitos de cotización. Si el autónomo tiene cubiertas las contingencias profesionales en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos (RETA), la tularemia puede ser reconocida como enfermedad profesional, con lo que la asistencia sanitaria y la prestación por incapacidad temporal corresponderían a la mutua colaboradora. Sin embargo, si el autónomo no tiene cubierta esta contingencia, la baja se tramitará como enfermedad común, incluso aunque el origen sea claramente laboral.
Controlar las plagas
El uso de medidas de protección, la vigilancia de la salud y la correcta evaluación de riesgos son herramientas esenciales para reducir el impacto de la tularemia. Pero, para que estas medidas se apliquen con eficacia, es necesario reconocer previamente que el riesgo existe y que forma parte de la realidad laboral del campo.
En el capítulo de prevención, desde ASAJA se insiste en la necesidad de adoptar soluciones reales y efectivas para controlar estas plagas recurrentes, por las pérdidas económicas asociadas a estas infestaciones son significativas, pero sobre todo por el bienestar y la salud de los propios agricultores.


