José Antonio Turrado. Secretario general de ASAJA Castilla y León
No ha sido la guerra en el Golfo la que nos ha llevado a pagar los fertilizantes caros, pues ya estábamos en esa situación de costes inasumibles, de este insumo, antes de iniciarse el conflicto. Precios muy caros en términos absolutos, y más caros todavía si lo comparamos con lo que vale lo nuestro, que con carácter general es cereal. Cuando el agricultor ya se debatía entre sembrar o no sembrar, y entre gastar más o gastar menos en el abonado, las cosas se pusieron peor – todo puede ir a peor- con la guerra del Golfo, y de nuevo una subida convirtió en algo prohibitivo el consumo de abono para nuestra agricultura. Precios desmesurados y sin garantía de abastecimiento, y pendientes del desenlace de un conflicto que, por bien que termine, tendrá consecuencias muy graves para nosotros en los próximos meses y hasta años.
Lo más duro de la crisis de los fertilizantes cogió a la agricultura de secano, por lo general, con la mayoría de compras ya hechas. En el caso del regadío -salvo los más precavidos- no se habían comprado ni los abonos compuestos de fondo, ni mucho menos los nitrogenados. Mientras se planificaban las siembras hemos tenido semanas de subidas diarias de los abonos y de nuevo bajadas de los cereales, y en este contexto ha habido que tomar las decisiones. Groso modo, la urea, un componente nitrogenado de uso masivo en la agricultura de regadío, ha doblado el precio con respecto a hace ahora un año, y proporción similar podemos ver en otros nitrogenados que la sustituyen. Si siembras y gastas, mal. Si no siembras, mal también. Si siembras y no gastas, quizás peor todavía. Hagas lo que hagas, con este contexto, y cuando todavía quedan muchas cosas por pasar en el término económico, el año, o la campaña, pinta muy mal. Es difícil y muy arriesgado dar consejos, por eso nadie va a darlos. Es difícil que el Gobierno nos apoye más de lo poco que nos ha apoyado, aunque desde ASAJA vamos a seguir intentándolo. Y el gobierno de la Unión Europea, que todavía no ha dicho nada, no parece que se convierta en una tabla de salvación.
Esta crisis no va a ser eterna, pero no sabemos cuánto durará ni cómo saldremos de ella. La situación de los agricultores también es muy distinta de unos a otros. No es lo mismo quien lo tiene todo amortizado y pagado, que quien ha hecho inversiones recientes y le debe dinero al banco y a las financieras. No es lo mismo quien paga rentas altas, que quien trabaja la mayoría del capital en propiedad. Pero, como norma general, y dado que a estrecheces tendremos que acostumbrarnos todos, no conviene excederse en ciertos gastos y menos en inversiones de esas que pueden esperar. Porque seguro que, aun siendo comedidos, tocará renegociar préstamos con los bancos, y no nos lo van a poner fácil, pues nos dejarán menos dinero y más caro.
Ahora sí hay motivos para la preocupación, ahora sí están las cosas mal. Pero este sector se ha acostumbrado a que las movilizaciones sean en enero y febrero, con razón o sin ella. Y ahora es cuando hay que estar en la calle, y así lo haremos, aun a riesgo de que no nos siga nadie.


