Desde ASAJA Ávila, y en línea con ASAJA nacional, insistimos en que las decisiones salariales se toman sin tener en cuenta la realidad del campo. En apenas ocho años, el salario mínimo ha pasado de 735 euros a 1.221 euros por trabajador, unas cifras cuyo impacto real van mucho más allá de una mera subida. Hay que tener en cuenta que, a día de hoy, cada trabajador supone para una empresa agraria un coste aproximado de 1.989 euros al mes en nómina, una carga que se suma a un escenario de pérdidas en buena parte de los sectores productivos.

Mientras los costes laborales suben reiteradamente hasta un 66%, según la última revisión, los precios que reciben agricultores y ganaderos en origen siguen siendo los mismos. Desde ASAJA Ávila consideramos que, si ese 66% hubiera ido acompañado de una subida equivalente en los precios de las producciones, la situación sería distinta. Pero no es así.

El cereal es uno de los ejemplos más claros. Con precios bajos y costes crecientes, muchas explotaciones no pueden hacer frente a la campaña. La misma situación se repite en frutas y hortalizas. En 2025 desaparecieron casi 20.000 trabajadores del sector, reflejo de la pérdida de actividad y de la falta de rentabilidad.

Igualmente, alertamos sobre los efectos de impedir la compensación y absorción en convenios colectivos, lo que supondría un incremento adicional de costes. Consideramos que esta medida generará más presión económica en explotaciones que ya operan con márgenes mínimos.