Tres meses de manifestaciones como nunca se dieron en el sector agrario y en ningún sector en este país. Sólo lo equiparable a los movimientos producidos por los chalecos amarillos franceses que hacen de esta ola de movilizaciones, la más secundada de nuestro sector.
Los motivos para justificar estos movimientos no hacen falta explicarlos en este foro, pero sí que hay que recordar que no son nuevos, que no han pasado desapercibidos a lo largo de los años, al menos en nuestra organización.


Partiendo del sentimiento de orgullo que se siente cuando ves salir a todo el sector en masa a defender sus derechos pese a que en muchas movilizaciones han sido de manera espontánea, que no se corresponden con muchos llamamientos que desde las organizaciones habíamos hecho con anterioridad (donde la participación fue muy escasa), también te genera un sentimiento de confusión e impotencia.


Por esta circunstancia, en la que las primeras manifestaciones fueron convocadas por colectivos anónimos y grupos de Whatsapp, se nos ha acusado a las organizaciones agrarias de no defender al sector. Se nos ha insultado y se ha cuestionado e incluso nos han equiparado a los sindicatos de ‘clase’ y desde mi punto de vista, es el mayor insulto que se puede hacer a nuestra organización, entre otras cosas, porque son nuestra antítesis. En el caso de ASAJA, somos la patronal del sector agrario, estamos integrados en las patronales de ámbito nacional y la totalidad de los que representamos son empresarios, más grandes o más pequeños, pero empresarios.


No he visto ninguna reivindicación que no se hubiese hecho cientos de veces con anterioridad. Las principales exigencias y problemas que tiene el sector agrario en Europa son problemas inventados por los propios políticos europeos, son las trabas que nos ponen para producir, son la burocracia desproporcionada, son las limitaciones a lo nuestro y las permisivas normas a lo ajeno y son la falsa religión medioambientalista implantada en el cerebro de la población europea y muy especialmente en nuestros gobernantes políticos.
La agricultura europea no tiene ningún problema, el problema son los legisladores que son lo contrario de lo que deberían ser. Se supone que están para solucionar problemas, no para inventarlos, que es lo que están haciendo con las políticas en materia agraria.
Gracias a la profesionalidad de muchos sectores, científicos, veterinarios, industria y otros muchos, junto con la dedicación de nuestro sector con el objeto de mejorar nuestras explotaciones, en Europa somos competitivos, eficientes y seguros en cuanto a nuestros sistemas de producción, pero perdemos toda competitividad por culpa de las mencionadas imposiciones administrativas.


A este respecto, llevamos muchos años recurriendo y protestando la imposición de esas políticas incluidas en ese conglomerado llamado Agenda 2030 o Pacto Verde (el famoso Green Deal), hemos protestado hasta la saciedad cada una de las últimas reformas de la PAC, sobre todo en las tres últimas. Con ese cambio de orientación a los objetivos meramente medioambientales, también hemos exigido la implantación de la Ley de la Cadena Alimentaria propuesta en 2013 y que a día de hoy, sigue siendo una herramienta inútil. Se ha denunciado por activa y por pasiva el etiquetado claro y el exigir a lo que se importa lo mismo que nos exigen a nosotros.


En definitiva, no puedo admitir la crítica hacia esta casa acusándonos de no defender al sector. Lo que pedimos hoy, lo exigíamos hace quince años. Las manifestaciones que hoy si se respaldan, las convocamos cientos de veces y estuvimos solos. Las denuncias, los recursos, los kilómetros, las banderas, las pancartas, las frutas tiradas en las calles, la cisternas de leche derramadas, las ovejas degolladas por el lobo en la puerta de medio ambiente, la Marcha Verde, los asaltos a las Consejerías, los piquetes o las infinitas reuniones de negociación, ya lo habíamos hecho y lo seguiremos haciendo las veces que sea necesario. Si lo hicimos sin apoyo, con más fuerza lo ejecutaremos con el sector detrás o al lado.


Eso sí, lecciones de ciertos movimientos espontáneos, ni una, el tiempo lo dirá.