Seguimos en el mismo punto en el que empezamos, como si el tiempo se hubiese detenido.

Tenemos que hacer memoria para recordar cuándo fue la primera vez que el sector mostró su absoluto descontento con la gestión que Europa está haciendo del sector primario y, por qué no decirlo, de la mayoría de los sectores productivos.

Veo en el sector primario la misma evolución que ocurrió con las cuencas mineras a principios de siglo: zonas rurales llenas de vida, pueblos de León, Palencia, Teruel, Huelva o Asturias repletos de gente trabajadora, con escuelas, comercios o bares llenos de usuarios que vivían de los entornos mineros y que, junto con la agricultura, sostenían la vida rural.

Pues bien, los acuerdos de la Unión Europea desarrollaron un calendario iniciado en la década de 2010 que culminó ese desmantelamiento el 31 de diciembre de 2018. Pero no solo ocurrió con la minería. También lo hemos visto con otros sectores: el naval, la metalurgia y siderurgia o el textil.

En el sector primario estamos viviendo exactamente el mismo proceso. Con las mismas excusas nos echan del territorio: sostenibilidad, respeto al medio ambiente, exigencias administrativas, burocracia y, sobre todo, importaciones de terceros países en los que sus legisladores permiten producir a muy bajo coste, sin las exigencias que a nosotros se nos imponen.

En el momento en que escribo estas líneas, los agricultores y ganaderos europeos protestamos por la inminente firma del acuerdo de la UE con Mercosur, y lo llevamos haciendo desde hace más de 20 años. Puede que el acuerdo tenga aspectos positivos para Juan Luis Delgado Egido determinados sectores, pero para otros supone una nueva piedra en el camino hacia el desmantelamiento del sector primario.

Poco a poco vemos cómo se nos acaban las opciones. Recordaremos lo que fue la producción de remolacha y las industrias paralelas: hoy ya no queda ni la remolacha ni la industria. Pero también se arrancan naranjos y determinados tipos de ganadería acabarán relegados a los documentales de La 2, como el ovino o el caprino.

¿Y qué decir del cereal? Si ya éramos deficitarios en estas producciones, como no se apliquen políticas serias y sensatas, veremos el mismo cierre de explotaciones que ha ocurrido con la remolacha. Recordemos que Castilla y León tiene cerca de dos millones de hectáreas dedicadas al cultivo de cereal, con sus respectivos agricultores. Dos millones de hectáreas más de España despoblada.

Pero lo peor de todo es la forma en la que lo hacen nuestros legisladores europeos y, por supuesto, los nacionales, que son quienes realmente mandan en Europa. Son los jefes de Estado quienes permiten estas políticas. Nos tratan como tontos. Dicen que les preocupa la despoblación rural, pero que miren quién quedó en las cuencas mineras. Dicen que fomentan el relevo generacional en la agricultura, pero que vengan a mi pueblo y vean que el más joven ronda los 50 años. O que les cuenten a nuestros hijos esas fantasías sobre lo importantes
que son los agricultores para esta sociedad, mientras ven a sus padres pataleando frente a las imposiciones, presiones fiscales, laborales y legislativas que esta panda de políticos mentirosos y falsos nos impone.

Supongo que los políticos europeos sabrán hacia dónde va Europa. Por eso entiendo que serán conscientes de que tendremos que hacer la compra con más tiempo, porque los productos de cercanía tienen los años contados.