El Atlas de todas las hablas

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Alumbrado a principios de siglo XX, puede consultarse en la web del CSIC

C.R./ Teresa S.N.

En los primeros años del siglo XX Ramón Menéndez Pidal y su equipo concibieron lo que sería el Atlas Lingüístico de la Península Ibérica (ALPI), que recogería la variedad lingüística de España. Las circunstancias fueron retrasando el proyecto: entre 1931 y 1936 se hicieron rápidamente casi todas las encuestas, pero después de la guerra civil hubo que esperar bastante tiempo para que se retomaran los trabajos y cuajara, en 1962, el único volumen publicado. Hasta ahora, porque 80 años después de su nacimiento, desde hace pocas semanas el ALPI está disponible para todo aquel usuario, experto o simplemente curioso, que desee consultarlo en Internet, gracias al trabajo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

Bajo la premisa de que un mismo objeto puede recibir distintos nombres en función del lugar y el mismo término puede pronunciarse diferente según la localidad o región, este grupo de investigadores recorrió la Península Ibérica y Baleares preguntando a los lugareños, con la ayuda de un elaborado cuestionario, cómo denominaban una serie conceptos Desde Hinojosa de Duero (Salamanca), pasando por Mahíde (Zamora), Castroquilame (León), Villavicencio de los Caballeros (Valladolid), Calzada de los Molinos (Palencia), Hontomín (Burgos), Muro de Ágreda (Soria), Barbolla (Segovia) Las Navas del Marqués (Ávila) y así hasta 527 localidades de España, los investigadores –que se desplazaban como podían en transporte público, aunque en la zona castellana acabó disponiendo de un ford de segunda mano– formularon más de 1.300 cuestiones sobre conceptos de la vida cotidiana a una selección de informantes.

Mapa CyL Atlas Lingüístico

Como es habitual en los trabajos de Geografía Lingüística que estudian las hablas rurales, para elaborar el atlas se buscaron informadores que reflejasen el habla popular de cada localidad: personas nacidas en pueblos pequeños, que hubiesen viajado poco, y de cierta edad (entre 40 y 60 años). Los investigadores realizaban preguntas sobre el día a día relacionadas con el terreno, la meteorología y la astronomía, la flora, la fauna, la cría y el aprovechamiento de los animales domésticos, la ganadería, la matanza del cerdo, el cuerpo humano y sus enfermedades, la boda, la muerte, los vestidos y las comidas tradicionales, la casa con los muebles, la vid y el vino, las medidas tradicionales de superficie o los líquidos, entre otros.

Mediante una sencilla búsqueda en la web www.alpi.csic.es, el usuario de la página descubre, por ejemplo, que en función de la zona en la que nos encontremos los guisantes pueden llamarse pedrolos, tirabeques, chícharos, arbechos, cantudas, arvejas, gríjoles, brísoles o bisaltos. Que las lagartijas pueden llamarse salamantiguinas, gartipesas, ligaternas, santigüelas o zarandillas, entre otras denominaciones. Y así hasta casi 5.700 respuestas, que pueden plasmarse en mapas generados por una aplicación informática.

En muchos casos, además de rellenar sus cuestionarios con las respuestas en transcripción fonética, se hicieron fotografías (de personas, objetos, edificios), y se incorporaron planos, esquemas, dibujos, refranes, narraciones cortas… Parte del material ya está disponible, pero la base de datos del atlas se encuentra aún en fase de crecimiento.

Pilar García Mouton, coordinadora del proyecto, apunta que aunque en la actualidad existen en España varios atlas lingüísticos, “ninguno es tan antiguo como este ni abarca toda la Península”. Si hoy se tuviera que repetir, tampoco cambiaría sustancialmente el sistema. Como subrayaba Tomás Navarro, el que fue director del proyecto, “no se ha descubierto manera de estudiar la lengua popular sin ir a buscarla al propio terreno”.

Aldea del Obispo (Salamanca). Fondos CSIC

Aldea del Obispo (Salamanca). Fondos CSIC

Las Navas del Marqués (Ávila). Fondos CSIC

Ildefonso y Pablo, en Las Navas del Marqués (Ávila). Fondos: CSIC

Rastra, en Alcubilla (Soria). Fondos CSIC

Rastra, Alcubilla (Soria). Fondos CSIC

Depositarias del dialecto, en Folledo (León). Fondos CSIC

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