Ignacio Llorente Manso, agricultor

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Tiene una explotación agraria de secano, en la que aproximadamente un 80 por ciento de las tierras en producción las dedica al cereal, y el resto al girasol, en Valverde del Majano, a pocos kilómetros de la capital segoviana.

C.R./ Teresa S. N.

Con menos de veinte años Ignacio hizo su primera instalación, de la mano de su padre. Ahora, con 34 años, ya lleva a sus espaldas 15 de una profesión que eligió porque le gustaba, “y me sigue gustando”, apunta. Tiene una explotación agraria de secano, en la que aproximadamente un 80 por ciento de las tierras en producción las dedica al cereal, y el resto al girasol, un cultivo característico de su zona, Valverde del Majano, a pocos kilómetros de la capital segoviana.

“Combinar con el cereal el girasol da algo más de rentabilidad; además es bueno para la rotación y la limpieza de las tierras en una zona donde no hay muchas posibilidades de variar”, explica Ignacio. En un año majo, los rendimientos de cereal pueden andar sobre 2.700 kilos por hectárea; en un año pobre, no coge mucho más de 1.200. “No es para hacerse rico, hay que mantenerse y avanzar despacio. Voy actualizando la maquinaria según van las cuentas. Si no tienes un poco de colchón financiero, mejor esperar a hacer nuevas inversiones”, advierte.

Como tanta gente joven, le gustaría tener algo más de tierra en propiedad, “aunque casi es imposible, porque hay mucha gente mayor que las mantiene e incluso las sigue trabajando de cualquier manera, porque para ellos no es tan importante sacar un buen rendimiento. Es una competencia desleal con los que vivimos de esto”.

Cree que la imagen del agricultor que tiene el resto de la sociedad está cambiado mucho, “ahora no somos los del arado, sino los del GPS”, y lo que más le complica la vida es la burocracia y el papeleo. “Por fortuna ahí están las chicas de ASAJA, que me resuelven las dudas y hacen todo más fácil”.

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