Javier Pozo, agricultor

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Mucho ha cambiado la explotación que Javier heredó de sus padres hasta convertirse en la que hoy gestiona. En buena parte gracias a su esfuerzo, y en otra, gracias a la modernización del regadío del Páramo leonés.

C.R./ Teresa S. Nieto

Mucho ha cambiado la explotación que Javier heredó de sus padres hasta convertirse en la que hoy gestiona. En buena parte gracias a su esfuerzo, y en otra, gracias a la modernización del regadío del Páramo (León), que ha permitido cambiar sustancialmente la agricultura de su zona. Desde que se incorporó, hace 18 años, Javier fue sumando superficie a las cuarenta hectáreas de la explotación familiar inicial; hoy lleva cerca de doscientas, casi la mitad de ellas modernizadas en los últimos tres años. Parte son suyas y otra parte muy importante de renta, “pero he tenido suerte y los propietarios han colaborado para modernizar el riego, algo que no siempre ocurre”, admite. Este agricultor de Villarrín del Páramo ha apostado fuerte por el regadío, convencido de “que en este sector si no tienes una superficie grande, no avanzas. Los tiempos en los que se vivía con unas pocas hectáreas ya han pasado”. Aproximadamente dos terceras partes las dedica a maíz, y en el resto alterna remolacha, alubias y cereal de invierno.

La dimensión de su explotación le exige disponer de una tecnología específica y bien medida, desde abonadoras inteligentes, sistemas de guiado de maquinaria, riego automatizado… “es una inversión  muy grande, pero te compensa. Primero en rendimientos, porque en maíz o cereal sacas de media dos toneladas a mayores por hectárea. Segundo, en salud, porque el verano ahora es más light, estás pendiente pero no es tan esclavo como antes”.

Otra herramienta que Javier considera imprescindible es un programa de gestión de campo, en el que desde que comenzó en esto registra todos los movimientos de su empresa. “Todo cuenta, un mal cálculo en insumos supone muchísimo dinero”, explica. Pone todas sus energías en racionalizar los gastos, y cuando hace cálculos sobre los posibles ingresos siempre tira a la baja, “para no pillarme. Lo que más miedo me da es el cereal, porque por dos o tres céntimos de diferencia, te hunde. Por eso hay que ser prudente”.

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