María Herranz González, ganadera

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La ganadera María Herranz González decidió continuar con la tradición familiar y apostó por el vacuno de carne con una raza autóctona, la avileña, en su pueblo, Villarejo (Ávila).

C.R./ María Vázquez

Limusinas por necesidad y avileñas por devoción. La ganadera María Herranz González (Villarejo, San Juan del Molinillo, 1981) decidió continuar con la tradición familiar y apostó por el vacuno de carne con una raza autóctona, la avileña, que es “recia”, de difícil manejo y además “pone poco peso” pero con la que ha crecido y por la que siente fervor. Esta joven ganadera abulense completa su propia ganadería con reses limusinas que dan el peso necesario para otorgar rentabilidad a su explotación.

María tuvo en su madre, Francisca, el ejemplo a seguir para convertirse en ganadera profesional. Y de paso poder seguir viviendo en la tranquilidad de su pueblo.

Recién incorporada al sector -este año fue uno de los muchos jóvenes que tramitaron su incorporación en las oficinas de ASAJA-Ávila- ya se ha topado con tres grandes problemas que afectan a los jóvenes ganaderos: el importante desembolso económico que tuvo que afrontar para poder incorporarse antes de recibir la ayuda; el bajo precio que desde hace un tiempo están recibiendo los ganaderos por cada kilo de carne y los continuos ataques de lobos, que ya le han supuesto la pérdida de cinco animales. Una situación que dificulta su aterrizaje profesional al sector y que “a ratos” la “desanima”, pero que no le hace olvidar los motivos por los que decidió dedicarse profesionalmente a la ganadería: ser su propio jefe, la convivencia con los animales y el campo y permanecer en el medio rural.

Por eso, a pesar de las dificultades y gracias a que por encima de todo tiene vocación, dentro de diez o quince años se sigue viendo como ganadera, al frente de una explotación más dimensionada y con menos preocupaciones que hasta ahora.

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