Marisol Muñoz Maroto

Marisol es rural cien por cien, y está muy orgullosa de ser de pueblo y de ser hija de agricultor.

Marisol está convencida de que en el pueblo se vive mejor que en la ciudad. Por eso, cuando termina su jornada de trabajo como técnico de laboratorio en el hospital de Ávila coge el coche y se marcha a Cisla, su tierra natal, donde vive con sus padres. A Marisol le gusta su pueblo y también la agricultura, tractores incluidos. Son cuatro hermanas, y todas aprendieron a cambiar los tubos de riego y subirse al tractor, para echar una mano: “en esta vida, como dice mi padre, hay que saber de todo, por si acaso”, explica. Hoy, aunque su padre está jubilado y todas trabajan en diferentes cosas, las hermanas formaron una cooperativa para dar continuidad a una agricultura “que ha sido la vida de mi familia y la que nos ha permitido estudiar a todas nosotras”.

En su explotación hay secano y regadío, cereales y remolacha. Marisol no es ajena a los problemas del sector, no entiende que el trigo y la cebada lo vendamos al mismo precio que hace 20 años y que el abono, gasoil, la luz etc. cada vez año tras año sean más caros, y que cuando vamos a las tiendas a comprar los productos tengan unos precios tan desorbitados en comparación de lo que pagan al productor “Tal como están los tiempos, no se puede vivir sólo de la agricultura, hay que tener otro trabajo para asegurarse el futuro”, dice.

Marisol es rural cien por cien, y está muy orgullosa de ser de pueblo y de ser hija de agricultor “pero no lo veo tan dramático". Es verdad que es difícil encontrar trabajo en un pueblo, pero hoy por hoy puedes trabajar fuera y volver cada día, en las grandes ciudades tardan lo mismo en llegar a la urbanización en la que viven. “Eso sí, sin carné de conducir estás más aislada y  dependes siempre de otras personas. Un coche te da autonomía”.

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