Roberto Puente, agricultor

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La furgoneta de Roberto es como una pequeña caravana. Dentro lleva todo lo necesario para estar todo el día e incluso un par de días rotando entre unas parcelas y otras, supervisando el regadío.

C.R / Teresa S.N.
El verano es época de trabajo intenso para Roberto, agricultor de Navafría, León. La culpa la tienen sesenta hectáreas de regadío por inundación, un regadío de los años sesenta, de los más antiguos de la provincia, el ubicado en la margen derecha del río Porma. Por hacerse una idea de la complejidad de la zona, este regadío atiende a 5.500 hectáreas de fincas en su mayoría de entre 0,30 y una hectárea; 700 kilómetros de canaletas y de obreros trabajando continuamente para mantener el entramado.
Así que la furgoneta de Roberto es como una pequeña caravana. Dentro lleva todo lo necesario para estar todo el día e incluso un par de días rotando entre unas parcelas y otras. Bocadillos y mucha ropa de repuesto, porque raro es el día que no se calan las botas o la camiseta. “Es un agua muy fría y el trabajo físico es duro; raro es que no se llegue a los sesenta años con problemas en los huesos”, comenta. Comenzó con 19, y ha superado los cincuenta, aunque sigue siendo el más joven agricultor de su pueblo, “porque solo queda otro y yo. No es una zona buena, entre los problemas de este regadío y los rendimientos, que son bajos”.
Son pocos vecinos y no hay un bar abierto en un radio de 8 kilómetros, “aunque hablamos bastante a través de las emisoras que tenemos instaladas en el tractor. Y lo que noto es que en general la gente está muy decepcionada, no tiene ilusión, y si no se va es porque no sabe adónde”, dice. Constata la continua pérdida de rentabilidad, a raíz del cambio en el IVA aplicado desde hace unos años, y sobre todo por la subida de los fertilizantes y otros input: “la hectárea de secano que antes hacías con 250 euros, ahora cuesta 450”.
Aun dentro de las pequeñas posibilidades que ofrece la tierra que trabaja, Roberto está animado a orientar su explotación “a cultivos más intensos en mano de obra pero que ofrezcan más rentabilidad. He empezado con algunas hectáreas de plantón de remolacha, y me gustaría seguir por ese camino.”

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